UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE - Por Bettina
"Patos! Grito: Cuac cuac! Vamos... a la Playa!!!". Al igual
que los Patos, gritaban Pumas, Gatos, Perros, Lobitas, Halcones, Leones y Tigres: 40 niños y niñas entre 8 y 11 años, procedentes
de un comedor parroquial de Chosica, organizados en equipos a cargo de "Monitores" - jóvenes de San Felipe Apóstol debidamente
preparados para nuestro programa "Vamos a la Playa". El lunes 13 de febrero partimos monitores, personal de cocina y jefatura
(15 personas) rumbo a Peralvillo, Chancay, donde nos dedicamos a preparar los ambientes. Hubo gritos por encontrar bichos
como: cucarachas, arañas, ratones, gusanos, zancudos, lagartijas e inclusive un alacrán. Pero desde el día siguiente hasta
el sábado 18, los gritos fueron de alegría de los niños participantes.
Diariamente tratamos un tema con su respectiva historia: Amistad
(náufragos), Conservación del medio ambiente (naturalistas), Creatividad (incas) y Fe (misioneros); todas las reflexiones,
instrucciones, trabajoos y juegos giraban en torno al tema. Además, tratamos de inculcar a los niños ciertos hábitos: duchas,
aseo personal antes y después de las comidas, comportamiento en la mesa, respeto a los demás... También tuvimos turnos para
limpiar dormitorios, baños, salones y comedor. De otro lado, el encuentro con el Señor fue un aspecto importante en nuestro
programa: abríamos y cerrábamos el día con una oración; antes y después de las comidas agradecíamos juntos por los alimentos;
y culminamos el programa con una misa sencilla, pero especial para niños tan inquietos, como suelen ser los de tal edad.
La actividad más deseada era la salida a la playa: el descubrimiento
del mar por primera vez en su vida (en la mayoría de los casos) fue un espectáculo maravilloso. Claro que no todo fue playa,
sino que - entre otras actividades - se hizo manualidades: collages con conchitas y con desperdicios, tronquitos recordatorios,
máscaras de papel maché, cruces de ganchos de ropa... Los chicos estuvieron muy contentos, sobre todo al saber que podrían
llevar a casa sus respectivas obras de arte. En cuanto a los tiempos libres, fueron aprovechados en preparar trabajos para
el periódico mural, reunirse para cantar, inventar actos o canciones para las veladas, lavar su ropa e inclusive jugar "pichanguitas".
Esos minutos sirvieron para crear un clima de amistad entre monitores y niños participantes, que fue creciendo día a día.
(También tuvimos niños retraídos y agresivos. Pero con el tiempo - y el empeño de los monitores - logramos captar su interés
... y su cariño).
La última noche fue muy emotiva - especialmente en el dormitorio
de las niñas (sólo 3 de las 22, no lloraban). Venciendo nuestra propia congoja, recorrimos cama por cama, explicándoles que
se iban con algo muy lindo, con una experiencia enriquecedora, con la amistad de sus jefes... Hasta hoy, algunos monitores
siguen recibiendo llamadas de sus chicos, quienes añoran los días en Chancay.
¡Gracias! A todos los que hicieron posible esta primera
vez, a través de su colaboración con los Bonos de Solidaridad
OBJETIVO PRINCIPAL: DAR AMOR - Por Bettina
"¿Qué hace la Iglesia por los pobres?" dicen quienes nunca han
participado en una actividad social de su parroquia. Si todos los bautizados conformamos la Iglesia, la pregunta correcta
sería: "¿Qué hago YO por los pobres?"... Nosotros hemos optado por un programa para niños de escasos recursos: el programa
"Vamos a la Playa" (VAP). Su ejecución comenzó el 15 de enero, y cada lunes recibimos a 40 nuevos niños. Queremos hablar un
poco acerca de ellos...
John: un pequeño con cara de angelito. Sus serenos ojos negros
y su sonrisa apacible no dicen nada de lo terrible que es en realidad. Diariamente llegaba para ser curado de alguna herida:
escorbuto, raspones, golpes en la cabeza... Prefería estar solo, lejos del Equipo (si estaba cerca, golpeaba a sus compañeros).
Hablaba poco y con voz muy baja.
Henry, el más chiquitito, quería irse. Contó que otro chico
le había pegado... también contó que al día siguiente era su cumpleaños y que su mamá le había ordenado tomar un micro para
ir a su casa a celebrarlo... nada era cierto. Sólo extrañaba su hogar.
Virginia hizo un dibujo de una niña rubia (con la cual se identificaba).
La niña del dibujo decía: "Aquí estoy bien. Me tratan bien. Me dan de comer bien".
Hoy podemos decir que hemos alcanzado los objetivos del VAP...
sobre todo, aquél de dar a los niños ese cariño que tanto precisan. Ser voluntario es una manera de dar cariño; pero también
se puede lograr esto donando víveres, materiales, dinero y otros aportes. John, Henry, Virginia y los otros chicos se fueron
con lágrimas en los ojos. Varios de ellos manifestaron sollozando, sus deseos de permanecer con nosotros más tiempo; los más
grandes, los más traviesos, los más fastidiosos... ésos eran los que nos abrazaban y no querían soltarnos. ¿No es ésta la
mejor prueba del éxito de nuestro programa? Es nuestro, porque es mío, es tuyo y es de todos los que conformamos San Felipe
Apóstol. No lo pienses más: también tú puedes dar amor.
DOS MUNDOS DISTINTOS - Por Bettina
Una de estas tardes en que volvíamos bordeando el malecón, una
niñita me llamó para ir conversando por el camino. Me dijo:
- ¿Tú por dónde vives?
- En un lugar llamado San Isidro.
-
Ah! Eso queda en Lima!
Cierto. Los niños de Villa María del Triunfo consideran Lima
como algo muy lejano.
- Y tu casa, ¿cómo es? ¿Es de dos pisos? Ah, ya sé, es
de tres pisos, ¿no?
- Bueno...
- Tú vives en el segundo, ¿no?
- Mmmm... supongo que sí - no tenía importancia explicarle
cómo era en realidad mi situación.
- ¿Y ya está techada tu casa?
- ¿Cómo?
- ¿Que si ya le han puesto techo a tu casa,
o todavía es de esteras?
No analicé si la pregunta era lógica o no. Si una casa de 2
ó 3 pisos podía tener techo de esteras, o no... Simplemente me desconcertó cómo podía ser la visión de una niñita que toda
la vida la había pasado en un pueblo joven.
Ella siguió hablando:
- ¿En qué grado estás?
- Ya terminé
la Universidad
- Yo estoy en 5º grado. Tengo doce años, ¿y tú?
- Veinticinco.
- ¡Veinticinco! ¡Mi mamá tiene veintiséis!
Quedé fulminada. La niña tenía 12 años, la mamá 26. No eran
necesarios los cálculos matemáticos para saber que los nuestros eran dos mundos muy distintos.
Sólo me queda concluir que quienes trabajamos para el VAP estamos
ayudando a cerrar (aunque sea un poquito) la brecha entre esos dos mundos que hay en nuestro país. Como dice una de las canciones
VAP:
"Dos mundos distintos, buscando la paz,
se dieron la mano
en una canción,
queriendo servir, buscando el amor,
crearon la fuerza en un corazón...
Yo soy tu amigo y te quiero,
amo tu canto y tu sencillez.
Es
nuestra amistad,
que abre un camino de unión y de felicidad..."
UNA AMIGA MUY ESPECIAL - Por Bettina
Conocí a Mariela (11 años) cuando me pidió que le curase una
herida en el hombro.
- Es mi marca de la vacuna, y mi hermano siempre me golpea allí.
-
¡Qué barbaro tu hermano! ¿Cómo puede ser así?
- Es que cuando era chico se perdió. Y cuando lo encontramos, ya no era el
mismo... Ahora es más agresivo: nos golpea a todos mis hermanitos.
- ¿Y cuántos son ustedes?
- Cinco. Y con abandono
de padre.
Mariela se hizo mi amiguita desde entonces. Siempre con su sonrisa
triste, pero tierna a la vez. El último día me aparté un poco, para que la despedida no fuera tan emotiva. Una jefe de programa
la descubrió sentada en la puerta del salón donde yo estaba trabajando, y le dijo:
- Mariela, ¿por qué no estás con las otras chicas, con tus amigas?
-
Es que yo soy amiga de Bettina.
- Ah, qué bien... Pero ella no te va a poder atender en este momento.
- No importa.
Me basta con verla desde aquí.
Cuando me enteré de esto, miré hacia la puerta y una vez más
tuve el privilegio de recibir su sonrisa.
Momentos antes de partir, me acerqué a darle un chocolate. Entonces
me dijo:
- Te voy a extrañar - sus ojitos estaban húmedos.
- Mariela,
por favor, no llores - dije yo, conteniendo mis propias lágrimas.
- No voy a llorar. Lo haré en el ómnibus cuando nadie
me vea.
- Gracias Mariela, gracias - y nos dimos un fuerte abrazo.
Mariela se ha ido. ¡Quién sabe si volveremos a vernos! Sólo
me queda una tarjetita suya con el mensaje: "No me olvides, aunque ya no me veas. Te quiero mucho".
Es imposible no encariñarse con los niños que vienen al VAP
LA SEMANA MÁS DIFÍCIL DEL VAP - Por Bettina
Los monitores de la semana antepasada ya están aptos para ser
papás!!! Tuvieron a 41 chicos entre 5 y 18 años de edad (más una bebita de 2 años), procedentes de un hogar de Huanta, Ayacucho.
La mayoría, huérfanos por terrorismo. Considerando que las actividades están diseñadas para chicos entre 8 y 11 años, parecía
que esto iba a ser un fracaso seguro.
La diversidad de edades fue un primer factor que dificultó el
trabajo en equipo. Obviamente un chico de 17 años no puede pensar como uno de 5, con el cual debía convivir durante toda la
semana.
Otro obstáculo fue la poca imaginación de los chicos... La situación
de violencia que ha tenido que vivir, los ha hecho demasiado realistas. Era difícil hacerles imaginar que eran salvavidas,
o incas, o que había que cruzar un río invisible... Siempre estaba ese realismo suyo: "A qué hora se acaba este jueguito tonto".
Un tercer factor: su estadía en el Centro Germán Schmitz era
el cierre del tour que habían tenido en Lima. Ya antes de venir al VAP, habían estado en otras casas de playa, en donde no
había tanta disciplina, tanto programa de actividades, tanta exigencia en los servicios de limpieza y otros.
Si las cosas fueron tan difíciles, ¿cómo se explica que casi
todos lloraban al irse? Sonia, una niña calladita, le pidió a su monitora que se la llevase a vivir consigo. Nolberto, de
15 años, lloraba en silencio en un rincón. Calín, de 5, pegó el rostro al vidrio y no dijo nada: su mirada triste lo decía
todo. Tania, otra quinceañera, dijo a su monitora: "Nosotros somos huérfanos. Pero las exigencias y el cariño que ustedes
nos han brindado, nos han hecho sentir como si hubiéramos estado con nuestros propios papás".
Fue la semana más difícil, sí... Pero el amor reinante en el
VAP pudo más.
EL HURACÁN IDA - Por Bettina
Disfrazada de Superniña, bajó solita los ocho tremendos bultos
que constituían su equipaje. Ella era Ida, un huracán de 6 años. Sus datos indicaban que era muy inquieta, nada colaboradora
y que tomaba un remedio contra convulsiones. Cuando vi que hacía su propio show, distrayendo la atención de todos, me dije:
"Ésta sí que va a ser una semana complicada". Por su lenguaje poco desarrollado, dedujimos que su razonamiento también lo
sería. Gran error: ¡era mucho más lista que nosotros! En los días siguientes, "Ida" fue la palabra más pronunciada en el VAP.
Ida estaba en el equipo de las "Teglesas" (tigresas). No permitía
que se le ordenase su casillero... y si se le llamaba la atención, destendía las camas de las demás. Si había carne o pollo,
se lanzaba al plato gritando: "cane!!!"... (no sé cómo podía comer tan rápido, faltándole los dientes incisivos)... y una
vez terminada la presa, cogía la de alguna compañera desprevenida. Solía meter los deditos - generalmente sucios - en las
heridas ajenas, diciendo "Yaya!!!". Y si no se atendía a sus caprichos... procedía a morder brazos, piernas, (colas también)
y a desaparecer en el acto. Averiguaba quién estaba en el baño, mirando por debajo de la puerta. En las veladas, daba piruetas
tan violentas, que en varias ocasiones tuvimos que alejarla de la velas (si es que aún no les había echado tierra!). A veces
la luz de su dormitorio se prendía y apagaba, como en los árboles de navidad... y simultáneamente se escuchaba el grito de
sus compañeras: "IDA!!!". No respetaba ni a la jefatura: un día pasó como una tromba y se llevó la caja de chocolates que
teníamos en la mesa: La vació y se comió todos, dejándonos sólo uno. En las reuniones de evaluación, su pobre monitora contaba
como 20 nuevas travesuras que había hecho la niña terremoto durante el día... Ya estábamos pensando seriamente en conseguir
un psiquiatra para la monitora.
(No siempre fue "tan" terrible la pequeña Ida. Una vez que yo
imaginaba cómo ponerle cadenas y asegurarla a su cama, vino de súbito, me dio un besito en la mano y se fue corriendo).
Al despedirse de su monitora, Ida pegó los labios a la ventana
del bus... y las dos lágrimas que derramó transformaron su brillante y terrible mirada en un par de ojitos tristes. A pesar
de todo, se había hecho querer.
....
Me olvidaba: años atrás, Ida vio a los terroristas matar a sus
padres. Y hace unos meses una pareja desistió de adoptarla, al saber que tenía convulsiones... ¿Qué será de la vida de esta
pequeñita en adelante?
OCHO SEMANAS - Por Bettina
Terminó el VAP. Nos llena de alegría el volver a la tranquilidad
de siempre... pero también nos entra cierta nostalgia al volver la mirada atrás y recordar cada día del programa con su respectiva
temática...
Ocho lunes emprendimos un viaje imaginario lleno de incidentes
que serían superados gracias a la unión de los viajeros - hasta entonces desconocidos entre sí. Ocho martes fuimos salvavidas
que aprendieron normas de seguridad en la playa, y pautas sobre la higiene personal. Ocho miércoles fuimos científicos, con
la importante misión de estudiar el medio ambiente y mejorarlo. ¡Inclusive recogimos basura en la playa, con la que hicimos
un muñeco! Ocho jueves, la gente de San Bartolo quedó impactada con nuestras caras pintadas con témpera. Ese día, como incas,
pasábamos mil aventuras hasta descubrir lo importante que es la creatividad. Ocho viernes fuimos misioneros deseosos de anunciar
a Cristo a una tribu desconocida. En la tarde íbamos a los Bufaderos - hermoso lugar donde revientan las olas - para sentir
la fuerza del viento y del mar, y contemplar la hermosa puesta de sol... un paisaje propicio para encontrarnos con el Señor,
a través de una oración bastante especial. Ocho sábados culminamos con la misa, donde los terribles "diablitos" de la semana,
cantaban como un maravilloso coro de ángeles.
...
En fin, fueron 8 semanas hermosas en que jóvenes y adultos de
San Felipe Apóstol y otras parroquias entregaron tiempo, habilidad, energías y mucho cariño. ¿Y qué recibieron a cambio? La
sonrisa de los niños... y seguro que la sonrisa del Señor. Mejor recompensa no puede haber.
UNA CASITA EN SAN BARTOLO - Por Bettina
San Bartolo. Paríso de "surfers". Unos arrastran sus "morey"
y otros enceran sus blancas tablas hawaianas. Todos en wetsuits de marca, en colores que van desde el negro hasta los más
chillones. Chicas lindas, tostadas por el sol de varios días, vagan envueltas en sus "pareos" de moda. Algunos - no todos
- juegan a ser grandes con sus partidas de naipes frente al mar, en medio de risas, cigarros y cerveza. Juventud, alegría,
diversión, ocio...
Pero este San Bartolo de tablistas ha visto llegar desde hace
dos semanas a muchos niños sin wetsuits ni tablas; oscuritos al natural (no por el sol) que acomodan sus coloridas toallas
y que realizan una serie de juegos sin molestar a los demás bañistas. El orden sorprende tanto, que varias personas se han
acercado a preguntar quiénes somos; y al enterarse, se han ofrecido a colaborar de diversas maneras con nuestro programa "Vamos
a la Playa".
Apenas ha empezado el verano, y ya hemos obtenido 96 sonrisas
más varios lagrimones que nos dejan los niños al no querer abandonar el Centro "Germán Schmitz"... no tanto por los días de
playa que no volverán, sino - sobre todo - por eso que aquí se les brindó en abundancia: eso llamado amor. Simplemente
amor.
UN NIÑO COMO MUCHOS - Por Bettina
Los brillantes ojos negros y la blanca sonrisa sobre el rostro
entre cobrizo y moreno le daban un aspecto de angelito travieso. Era Wilbert, un pequeño de 10 años que llegó al VAP en la
semana que acaba de culminar. Desde el primer momento, se la pasó golpeando a sus compañeros, tirando puertas, rompiendo cosas
y haciéndoles la vida imposible a sus guías.
Ya en la primera noche, Wilbert tuvo un ataque de furia, que
duró más de una hora. En ese tiempo agredió con patadas, puñetes, cabezazos, insultos y escupitajos a quienes tuvimos que
mantenerlo echado en la tierra para que se fuera tranquilizando. Una de las cosas que más rabia le daba era el que nosotros
no contestáramos a sus agresiones. Finalmente logramos tenerlo quieto a punto de cosquillas. No saben cuán hermosa era la
sonrisa de este pequeño, que minutos antes había llegado a maldecir a Dios - sin ser consciente de sus palabras. Esa misma
noche decidimos devolverlo a su hogar, pues era un caso que escapaba de nuestras manos, amenazando la integridad de los demás
participantes.
Huérfano, con una madre adoptiva de 70 años, este niño suele
dormir en la calle. Con 10 años cumplidos ha vuelto a repetir el 2º grado de primaria. Ha sido expulsado de varios colegios
por problemas de conducta (como romperles la cabeza a sus compañeros). Los niños del VAP que lo conocían, lo llamaban "loco".
Cuando le dijimos: "Pórtate como un niño bueno", contestó: "No soy un niño, soy una bestia".
Wilbert, "angelito" de ojos brillantes y blanca sonrisa.
Wilbert,
¿delincuente en potencia?
Wilbert, un niño como muchos niños de nuestro país.
NIÑOS CHICOS EN UN MUNDO PARA GRANDES -
Por Bettina
Todos los viernes nos sentamos frente al mar para agradecer
al Señor por nuestras vidas y por las personas que nos rodean, en especial por nuestros familiares. De regreso, Glen iba a
mi lado, medio triste: "No conozco a mi mamá. Ella me tuvo a los 17 años y a los 7 meses me dejó con mi abuelita". Para subirle
un poco el ánimo, le contesté: "Yo , en cambio, no conocí ni a mis abuelitos, ni a mis abuelitas". "¿Nooo?" me dijo, olvidándose
de su situación y compadeciéndose de la mía.
Entonces llegó Rubén, quien comenzó a hablarnos de otra cosa:
"Cuando yo sea grande, quiero ser abogado". "¿Para sacar a los presos de la cárcel?" preguntó Glen, a lo que el otro chico
- de apenas 11 años - corrigió: "No. Para defender a las personas que son inocentes".
Silencio... Hasta que habló Glen de nuevo:
- Mi abuelito, de 52 años, está hace tres meses en la cárcel.
Ha violado.
- ¿Estás seguro? - pregunté - ¿Sabes lo que me estás diciendo?
- ¡Claro! Esa vez vino la tele y nos filmó
a todos. Mi abuelita lloraba. A mí no me sacaron, porque me escondí debajo de la cama... Mi tío, que es policía, lo va a sacar
a mi abuelito.
- ¿Cómo? ¿Lo puede sacar, sólo porque es policía?
- ¡Nooo! Va a contratar un abogado por S/. 5000. Y
es el abogado el que va a sacar a mi abuelito.
- Pero, ¿es culpable o inocente tu abuelito?
- La chibola, ésa
a la que violaron, dice que fue mi abuelito - contestó cabizbajo; y al proseguir, le brillaron los ojos - Pero él no fue...
Ahora sólo hay que conseguir los S/. 5000 para sacarlo.
Y Rubén, futuro abogado concluyó:
- Si yo fuera ya grande,
no te cobraría.
El mundo debería ser tan sencillo, como lo es para los niños.
¿POR QUÉ PABLO NO CANTA? - Por Esther
Esta semana conocí a Pablo, un pequeño sordomudo. Su monitor
me comentó que los otros niños del equipo le habían preguntado: "¿Por qué Pablo no canta?". Entonces, en un momento en que
Pablo estaba ausente, los reuní y les dije: "Él es un niño como todos ustedes, pero no puede oír lo que decimos".
- ¿Es como cuando me tapo los oídos? - preguntó uno de ellos.
-
Sí - contesté - pero en él es así todo el tiempo. Hay que quererlo mucho y demostrarle que somos sus amigos. Nadie debe reírse
de lo que le sucede, porque entonces se sentiría mal y querría irse.
En realidad estaba demás que dijera esto. Todos los niños se
habían puesto muy serios; probablemente se imaginaban cómo sería no poder oír el ruido de las olas, las voces de los amigos,
los cantos nuevos...
- Ahora recuerdo - interrumpió otro - que ayer él miraba por
la ventana; le pedí que me dejara ver también y no me hizo caso; por eso creí que yo no le caía bien. La próxima vez voy a
mirarlo para que me entienda.
- Sí - añadió Jonathan - y va a ser nuestro hermano, porque ya lo queremos aunque no pueda
oírnos.
Me quedé impresionada al ver la generosidad de sus corazones.
Pablo se integró rápidamente al equipo. No hacía falta hablarle con señas, pues él nos entendía leyendo nuestros labios; respondía
asintiendo con la cabeza o con sonidos que no llegaban a ser palabras. Era hermoso ver su carita iluminarse al esbozar una
sonrisa. Podría decir que su risa, a pesar de todo, resonaba en el ambiente.
Y es que las barreras no existen... cuando hay amor.
CENTRO GERMÁN SCHMITZ - Por Bettina
Niños.
Unos apáticos, otros terribles.
Niños sin imaginación,
acostumbrados a copiar.
Niños que creen que las cosas funcionan a golpes,
y que no conocen otro lenguaje que el de gritos
e insultos.
Niños con miradas torvas y problemas de conducta
por tremendas historias de violencia familiar.
Niños
pequeñitos, que tienen algo de adultos.
Niños con muchos hermanitos, pero que en el fondo se sienten solos.
Niños sin
esperanzas, sin ilusiones...
Niños que un día llegaron aquí,
donde recibieron una cama
personal y un plato lleno en cada comida.
Niños que tuvieron que convivir con otros chicos de su edad,
debiendo aprender
el lenguaje del juego, el respeto y la sana alegría.
Niños que sacaron a la luz talentos que ellos mismos desconocían.
Niños
que demostraron su gran espíritu de servicio
a través de las tareas diarias.
Niños cuyas risas desafiaron a las olas
y al viento de San Bartolo.
NIños que se sintieron seguros, aun lejos de sus hogares.
Niños que vieron que sí es posible
la unión entre "pobres" y "ricos".
Niños que día a día comprendieron
que el Señor nunca abandona a sus hijos.
Niños
que se aferran a uno, riendo y llorando,
por no querer irse de aquí.
Niños que volverán a sus historias de antes...
...
Pero ahora con una luz de esperanza.
EL TESTIMONIO DE DAVID - Por
Bettina
David era uno de esos chicos terribles que no pierden oportunidad
de molestar a los demás. Un día lo llamé para conversar acerca de su conducta. Me pareció que desde ese momento se había vuelto
aún más huraño para conmigo. Por eso me sorprendió mucho, cuando al despedirse me dejó en la mano un "pin" que él solía llevar
en su polo. Dijo "gracias"... y eso fue todo.
Hoy he recibido carta de David, y quiero compartirla con ustedes:
"Poema para el VAP
Yo quiero vivir en
paz,
yo quiero morir en paz,
pero antes, conocer la casita VAP.
Hay buenos amigos, otros diferentes de los demás.
Pero
yo viví los mejores días de mi vida aquí.
Este poema no rima, pero sale del corazón.
Es corto, pero con emoción.
En el VAP no pude decir lo que sentí por tener que volver. Lloré
hasta llegar a casa. Te extraño. Gracias por enseñarme a hacer bonitas cosas. Me hablaste como hermana, me enseñaste a respetar
a los demás, a no portarme mal, a escuchar a los demás. Gracias por todo. Ustedes fueron mi familia esos días. Ahorita estoy
llorando por ustedes. Los quiero mucho".
KATY - por Halima
Su nombre era el último en la lista de mi equipo. Tenía ocho
años y bajo la columna de observaciones, encontré sólo una palabra: "Tranquila". Cierto. Katy era una niña tranquila. No hacía
alboroto y obedecía a todas las indicaciones. Se sentaba a mi derecha durante las comidas, y fue allí donde verdaderamente
la conocí.
Una noche, en medio de la cena, me dijo que no quería estar
en su casa el sábado por la noche.
- ¿Por qué? - le pregunté.
- Es que ya sé qué va a pasar...
Me estremecí. La tristeza
en su voz me hizo pensar en algún maltrato físico.
- Mi papá, siempre llega borracho... y no me gusta.
Quise reconfortarla,
mas no supe qué decirle.
En otra oportunidad, me contó que una vez no le pagaron a su
papá, y por eso no comieron nada en todo el día. "Tenía hambre, pero tomamos jugo".
Comencé a pensar que tal vez la relación de esta pequeña con
su padre era un poco difícil. Sin embargo, se expresaba de él con un gran cariño y me contaba cómo él, cuando iba a la "ciudad",
le compraba siempre dos tarritos de yogurt.
Ahora recuerdo su carita llorosa al despedirnos. Ya sentada
en el bus, hizo un esfuerzo por sonreír, mientras me hacía adiós con su manito.
Katy, sólo espero que recuerdes lo que conversamos el lunes
en nuestro "Encuentro con Jesús". La familia, los amigos, pueden fallar. El Señor nunca te fallará. Él será siempre tu apoyo.
Deja que sea tu mejor amigo.
Ayúdenme a rezar por ella.
QUERER CAMBIAR - Por Bettina
Luis y Julio. Sus datos indicaban que eran "excesivamente inquietos"
y que no iban al colegio por problemas de conducta. (Leí que también el hermanito mayor era muy inquieto, y esto pude comprobarlo
en los días siguientes).
Una tarde, entre Julio y Luis me contaron una historia que parecía
sacada de la TV. A cada rato mencionaban a Marcos, su hermano de 21 años, que había matado al padrino de Julio; escapó luego
de haber sido capturado y que murió a balazos. "¿Por qué Marcos ya no viene a dormir?" preguntaban a su mamá... Durante el
velorio del padrino, llego el compadre de éste, y al ver al difunto se cortó la yugular. La escena la repitió el hermano del
compadre. Al final hubo tres muertos en el velorio. Testigos de todo fueron Luis y Julio. Como si nada, me hablaron de sus
hermanas de 15 y 18 años, que ya eran mamás, pero que seguían viviendo en esa casa. También estaba la abuela, quien había
sido amenazada de muerte por Miguel, otro de los 9 hermanos, que se juntaba con los "fumones" del barrio. Precisamente por
Miguel - y no tanto por su conducta - Julio dejó de ir al colegio. Y es que Miguel solía buscarlo para agredirle: "Tu padrino
te regala todo, y a mí no me da nada". Inclusive llegó la policía para impedir que Julio fuera brutalmente golpeado...
¡Qué refrescante la ducha de esa noche! Como si con ella hubiera
podido lavar todo lo narrado por estos pequeños. ¿Seguirían ellos los pasos de sus hermanos Marcos y Miguel? ¿Entrarían al
mundo de las drogas y la delincuencia? No sería nada raro, de continuar viviendo en esa realidad.
Y sin embargo... creo que las cosas todavía pueden cambiar un
poquito.
Una tarde, Luis contemplaba aburrido cómo sus compañeros hacían
una tira cómica. Le dije: "Seguro que tú crees que para saber dibujar hay que ir al colegio, ¿no? Vas a ver que puedes hacerlo
muy bien. Toma el plumón que más te guste... y sigue por donde mi dedo te indique". Los ojitos se le iluminaron y guimos dibujando
las letras F-I-N en el último recuadro de la tira cómica. Además añadió estrellitas dibujadas por él mismo, a partir de un
modelo que le hice; escribió la palabra "Tiburones" (siguiendo los trazos de mi dedo, claro) y dibujó una aleta de este animal,
cuyo nombre llevaba su equipo. Jamás he visto carita más feliz que la de este pequeño al terminar su trabajo. Y no sólo eso:
también sus compañeros estaban orgullosos de él.
El último día resultaba paradójico que - mientras era mencionado
como uno de los chicos más alegres del VAP - Julio luchaba por contener sus lágrimas, acurrucado y abrazando a su monitor.
Sin embargo su rostro cambió cuando me enseñó la cruz que él mismo había hecho en uno de los talleres, y que ahora se llevaría
a casa para recordar a su familia que Jesús estaría también allí, con ellos. Minutos antes de partir, Julio y Luis me prometieron
que no seguirían el camino de sus hermanos mayores. Nos dimos un fuerte abrazo y me quedé con sus sonrisas para siempre.
Ojalá esa cruz que se han llevado les dé las fuerzas para cumplir
con su promesa.
PEQUEÑOS MILAGROS DE CADA DÍA - Por
Bettina
Lunes por la tarde. Los niños - que habían llegado una hora
antes - disfrutaban ahora del mar. Pero un gordito llamado Jesús no quería bañarse, ni jugar con la arena, ni caminar, ni
sentarse a ver a los demás. Antipático, huraño, sin contestar a mis preguntas, se limitó a murmurar aburrido: "Me obligaron
a venir... tengo miedo al mar... me quiero ir". Ya estaba yo pensando "este chico va a ser un problemita" cuando de pronto,
una joven que estaba cerca sufrió un ataque de convulsiones. Corrí, y recordando algo de las lecciones sobre casos de epilepsia
- tomé un trapito para jalarle la lengua, evitando así que se enroscara. También Cynthia, una de nuestras voluntarias VAP,
se acercó a ayudar... En eso se me prendió el foquito: ¿Por qué no llamar a Jesús? ¿Sería capaz de reaccionar ese chiquillo
apático? Había que intentarlo.
- ¡Jesús! ¡Ven aquí, que te necesito! - (En dos saltos estaba
al lado) - Tú vas a ser mi enfermero. ¿De acuerdo?
Asintió. Y lo poco que le pedí, que no fue gran cosa (mojar
un trapito y traerme una toalla para envolver a la chica que tiritaba) lo hizo con mucho empeño. Al haber pasado el momento
crítico, nos sentimos como un equipo médico que acababa de culminar exitosamente una complicada cirugía.
- Gracias, Jesús. Sin ti no habría podido atender a esta chica.
... Y, entonces, ocurrió el milagro: el chico sonrió.
En los días siguientes Jesús corría empapado de pies a cabeza,
pues ya no le tenía miedo al agua (tal vez nunca lo tuvo). Y a cada rato me abrazaba y llenaba de besos mi mano. Ahí lo tenía
prendido de mi lado derecho, celoso de Jimmy - otro de mis "engreídos" - quien venía a abrazarme por el lado izquierdo.
Jesús, Jimmy... niños tan necesitados de cariño, que brindan
el suyo a manos llenas. Basta darles una mirada sincera, una palabra de confianza y una sonrisa llena de amor.
EL FOTÓGRAFO OFICIAL DEL VAP - Por
Bettina
Los ojos y la sonrisa le abarcaban casi todo el rostro moreno,
y la gorra que usaba era más grande que él. Hijo de un joven de 25 años, Jhonatan, supuesto "pirañita" de nueve años, también
estuvo en el VAP.
- Cuando sea grande, voy a ser albañil.
- ¿Como tu papá?
-
No. Mi papá es vago, no trabaja. Y a mi mamá no la conozco.
Una noche tuvo una tremenda rabieta; pero al día siguiente se
salió de la fila para decirme: "Perdóname". Le di un apretón de manos y retornó a sus sitio con esa sonrisa que iluminaba
el día... Más tarde se molestó por otro motivo y se escondió. Era tan chiquito que recién lo hallé la segunda vez que miré
debajo de las camas. ¡Parecía un animalito acorralado! Después de un par de horas - y gracias a la paciencia de Cynthia (nuestra
almacenera VAP) - Jhonatan volvió a sonreír y bajó al salón para hacer su trabajo manual. ¿Qué hizo Cynthia para lograr esto?
Lo supimos después: el pequeño que quería ser albañil, se la pasó tomando fotos de todo y de todos... usando la cámara de
Cynthia. Con un par de indicaciones, era el más experto fotógrafo del mundo. ¡Y con qué cuidado manejaba la máquina! Se acabó
un rollo de 36 fotografiando hasta el piso, pero creo que valió la pena: el Jhonatan terrible no existía más. En la noche
me obsequió una tarjeta hecha por él mismo: una cruz marrón sobre fondo amarillo... y la palabra "gracias". En ese momento
me olvidé de las pataletas y travesuras de este pequeño, y descubrí lo grande que era su corazón: aun más grande que el de
muchos adultos.
Poco antes de la despedida, vi que su zapato - negro - se estaba
abriendo. Tomé un hilo blanco (el único que tenía a la mano) y se lo arreglé. "Cuando llegues a tu casa, pide que te lo vuelvan
a coser con hilo negro, para que no se vea". "No - contestó - que se quede así. Me llevo un lindo recuerdo"... Y me dejó sin
saber qué decir.
...
Todos los días veo la tarjeta de la cruz marrón sobre mi cómoda.
Y pienso que en algún rincón de LIma, hay un mocosito con vocación de fotógrafo, un zapato mal cosido... y el alma capaz de
cautivar al corazón más duro.
COMENZAMOS EL VAP - Por Esther
La semana pasada dimos inicio a la temporada vAP 1998 y, aunque
pareciera que todo sigue una misma rutina, cada vez despierta en todos gran expectativa ya que no hay semana similar a otra.
Siempre son diferentes las experiencias vividas con los niños y entre los mismos voluntarios.
Nuestra primera semana transcurrió plena de armonía. Había mucho
trabajo, pero era frecuente escuchar durante la mañana, o por la noche, no sólo el canto de los niños, sino también de nuestro
equipo de cocina, conformado en su mayoría por señoras de nuestra parroquia. Ellas nos regalaban, con voces envidiables, canciones
que llenaban todos los rincones de la casa.
Aun así no pudimos cerrar los ojos a la realidad de los niños:
muchos de ellos estaban muy descuidados en cuanto a salud se refiere. POr algunos fue preciso insistir para que tomaran parte
en el programa porque tenían que trabajar y sus padres no querían prescindir de ellos la semana entera. Así pues, conocimos
a Sarita que vende caramelos, a César quien vende vinchas en el estadio cuando hay clásico. Y cómo olvidar a Pilar, una niña
muy tímida, a quien costó mucho esfuerzo integrar a los juegos. Sus piernas mostraban huellas de constante maltrato físico.
Lamentablemente, no era la única.
Es por ellos que cada vez estamos más convencidos de lo necesario
e importante que es nuestra labor apoyada por toda la feligresía. Y aun cuando muchos de esos pequeños no sepan decir "gracias",
el abrazo fuerte que recibimos de ellos el sábado, lo dice todo.
LO MÁS LINDO DEL MUNDO - Por Bettina
Si no hay zanahorias en la ensalada, es por culpa del Niño.
Si las plantas no brotan, es por culpa del Niño. Si Lima parece otra ciudad, es por culpa del Niño. Inclusive meses atrás
al ver que el famoso Niño alteraba el clima, bromeábamos diciendo que nuestro programa VAP ("Vamos a la Playa") se convertiría
en VAN ("Vamos a la Nieve"). Felizmente no ha nevado en San Bartolo, pero por los drásticos cambios de clima hemos tenido
niños resfriados, a veces con fiebre (aunque algunos la tenían por infecciones que traían de casa).
El jueves pasado, Richard, un pequeño de 9 años, volaba con
40º. Le dimos sus medicinas y lo acostamos. Cuando sus compañeros (dispuestos a preparar el "sketch" para la velada de esa
noche) lo vieron en cma, bajaron la bulla que hacían al entrar. ¡Cuánto cariño y respeto hacia el amigo enfermo!
Mientras tanto, María Luisa y yo aliviábamos a Richard con paños
empapados en "Vinagre Bully". (Por sus conocimientos, ella atiende la enfermería. Además, con su familia vela por el mantenimiento
del Centro Germán Schmitz). Junto al adormilado niño, María Luisa me comentaba algo acerca del techo de la cocina. En eso,
Richard nos interrumpió y nos empezó a dar sugerencias, en base a su experiencia (puesto que él ya había ayudado a su papá
a techar casas). Un pequeño de 9 años, afiebrado, no perdía un minuto en querer compartir lo que sabía.
Iba a empezar la velada. Los otros chicos salieron y María Luisa
fue por más paños. Quedé un rato con Richard, tratando de hacerlo dormir. Y para esto, le dije: "Richard: cierra los ojos,
respira tranquilo, y piensa en algo bonito... en algo que te parezca muy lindo... en lo más lindo que tú creas que hay en
el mundo".
Con los ojos cerrados, murmuró casi dormido: "Lo más lindo del
mundo... es quedarme aquí para siempre".
No más palabras por hoy.
UN CASO MUY DIFÍCIL - Por Bettina
Cuando se baila en el VAP, los niños siempre buscan ser sacados
para estar en medio del círculo. Pero en la semana que acaba de culminar hubo un pequeño que se escondía: Marcos. Pensé que
sería por timidez, pero lamentablemente no.
El viernes, en la playa, escarbaba un hoyo diciendo: "¿Dónde
estás culebrita? ¿Dónde estás? Quiero encontrarte para matarte... Ah! Te encontré!". El pequeño sujetaba entre sus dedos un
gusano y luego de acariciarlo lo sujetó por los extremos, dispuesto a estirarlo. Lo detuve: "Marcos, no lo mates". "¿Por qué
no?" preguntó él. "Porque es parte de la naturaleza. Y además, nada malo te ha hecho. Déjalo vivir". Con desgano soltó el
gusanito. Pero se aseguró de que yo oyera sus siguientes palabras: "Voy a buscar un muymuy para matarlo". Todas sus frases
eran así de negativas. Boca arriba en la orilla, gritaba: "¡Me voy a morir!"
Al felicitarle por un hoyo que estaba cavando, me dijo: "Está
feo", y comenzó otro. Armándome de paciencia le dije:
- Marcos: Tú siempre crees que todo lo que haces es feo.
-
Sí. Todo es feo.
- No es verdad. Ayer hiciste un collar muy lindo.
- Mmm... Pero no es para mí. Lo hice para mi mamá.
- Y sonrió un poquito.
"Ajá", me dije. Tal vez pueda ganarme su confianza hablando
sobre su mamá. Pero como adivinándome el pensamiento, Marcos manifestó:
- Mejor no hay que hablar de ese tema.
-
¿Por qué no? ¿Vives con tu mamá?
- No sé.
- ¿Tienes hermanitos?
- No sé.
A cada pregunta que le hice me contestó con un "no sé". Entonces
había que cambiar la estrategia. Como siguiera cavando sus hoyos, lo reté a una competencia.
- Te apuesto a que cavo mejor que tú - le dije.
- Ja. Te
gano.
- Hagamos la prueba.
Y comenzamos. Cuando vio que efectivamente yo le llevaba la
ventaja, procedió a pisar alrededor de mi hoyo para llenarlo de arena.
- Ja, ja, perdiste.
Y se fue a jugar solo.
¿Qué cosas vivirá este pequeño en su casa? ¿Y cuál será su futuro?