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Diario de una Jefa de Programa - Artículos escritos por Bettina
 
Una experiencia inolvidable
Objetivo principal: Dar amor
Dos mundos distintos
Una amiga muy especial
La semana más difícil del VAP
El huracán Ida
Ocho semanas
Una casita en San Bartolo
Un niño como muchos
Niños chicos en un mundo para grandes
Centro Germán Schmitz
El testimonio de David
Querer cambiar
Pequeños milagros de cada día
El fotógrafo oficial del VAP
Lo más lindo del mundo
Un caso muy difícil

Artículos escritos por Esther Paredes
¿Por qué Pablo no canta?
Comenzamos el VAP
 
Artículos escritos por otros voluntarios
Katy - Por Halima Hakim

UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE - Por Bettina

"Patos! Grito: Cuac cuac! Vamos... a la Playa!!!". Al igual que los Patos, gritaban Pumas, Gatos, Perros, Lobitas, Halcones, Leones y Tigres: 40 niños y niñas entre 8 y 11 años, procedentes de un comedor parroquial de Chosica, organizados en equipos a cargo de "Monitores" - jóvenes de San Felipe Apóstol debidamente preparados para nuestro programa "Vamos a la Playa". El lunes 13 de febrero partimos monitores, personal de cocina y jefatura (15 personas) rumbo a Peralvillo, Chancay, donde nos dedicamos a preparar los ambientes. Hubo gritos por encontrar bichos como: cucarachas, arañas, ratones, gusanos, zancudos, lagartijas e inclusive un alacrán. Pero desde el día siguiente hasta el sábado 18, los gritos fueron de alegría de los niños participantes.

Diariamente tratamos un tema con su respectiva historia: Amistad (náufragos), Conservación del medio ambiente (naturalistas), Creatividad (incas) y Fe (misioneros); todas las reflexiones, instrucciones, trabajoos y juegos giraban en torno al tema. Además, tratamos de inculcar a los niños ciertos hábitos: duchas, aseo personal antes y después de las comidas, comportamiento en la mesa, respeto a los demás... También tuvimos turnos para limpiar dormitorios, baños, salones y comedor. De otro lado, el encuentro con el Señor fue un aspecto importante en nuestro programa: abríamos y cerrábamos el día con una oración; antes y después de las comidas agradecíamos juntos por los alimentos; y culminamos el programa con una misa sencilla, pero especial para niños tan inquietos, como suelen ser los de tal edad.

La actividad más deseada era la salida a la playa: el descubrimiento del mar por primera vez en su vida (en la mayoría de los casos) fue un espectáculo maravilloso. Claro que no todo fue playa, sino que - entre otras actividades - se hizo manualidades: collages con conchitas y con desperdicios, tronquitos recordatorios, máscaras de papel maché, cruces de ganchos de ropa... Los chicos estuvieron muy contentos, sobre todo al saber que podrían llevar a casa sus respectivas obras de arte. En cuanto a los tiempos libres, fueron aprovechados en preparar trabajos para el periódico mural, reunirse para cantar, inventar actos o canciones para las veladas, lavar su ropa e inclusive jugar "pichanguitas". Esos minutos sirvieron para crear un clima de amistad entre monitores y niños participantes, que fue creciendo día a día. (También tuvimos niños retraídos y agresivos. Pero con el tiempo - y el empeño de los monitores - logramos captar su interés ... y su cariño).

La última noche fue muy emotiva - especialmente en el dormitorio de las niñas (sólo 3 de las 22, no lloraban). Venciendo nuestra propia congoja, recorrimos cama por cama, explicándoles que se iban con algo muy lindo, con una experiencia enriquecedora, con la amistad de sus jefes... Hasta hoy, algunos monitores siguen recibiendo llamadas de sus chicos, quienes añoran los días en Chancay.

¡Gracias!  A todos los que hicieron posible esta primera vez, a través de su colaboración con los Bonos de Solidaridad

OBJETIVO PRINCIPAL: DAR AMOR - Por Bettina

"¿Qué hace la Iglesia por los pobres?" dicen quienes nunca han participado en una actividad social de su parroquia. Si todos los bautizados conformamos la Iglesia, la pregunta correcta sería: "¿Qué hago YO por los pobres?"... Nosotros hemos optado por un programa para niños de escasos recursos: el programa "Vamos a la Playa" (VAP). Su ejecución comenzó el 15 de enero, y cada lunes recibimos a 40 nuevos niños. Queremos hablar un poco acerca de ellos...

John: un pequeño con cara de angelito. Sus serenos ojos negros y su sonrisa apacible no dicen nada de lo terrible que es en realidad. Diariamente llegaba para ser curado de alguna herida: escorbuto, raspones, golpes en la cabeza... Prefería estar solo, lejos del Equipo (si estaba cerca, golpeaba a sus compañeros). Hablaba poco y con voz muy baja.

Henry, el más chiquitito, quería irse. Contó que otro chico le había pegado... también contó que al día siguiente era su cumpleaños y que su mamá le había ordenado tomar un micro para ir a su casa a celebrarlo... nada era cierto. Sólo extrañaba su hogar.

Virginia hizo un dibujo de una niña rubia (con la cual se identificaba). La niña del dibujo decía: "Aquí estoy bien. Me tratan bien. Me dan de comer bien".

Hoy podemos decir que hemos alcanzado los objetivos del VAP... sobre todo, aquél de dar a los niños ese cariño que tanto precisan. Ser voluntario es una manera de dar cariño; pero también se puede lograr esto donando víveres, materiales, dinero y otros aportes. John, Henry, Virginia y los otros chicos se fueron con lágrimas en los ojos. Varios de ellos manifestaron sollozando, sus deseos de permanecer con nosotros más tiempo; los más grandes, los más traviesos, los más fastidiosos... ésos eran los que nos abrazaban y no querían soltarnos. ¿No es ésta la mejor prueba del éxito de nuestro programa? Es nuestro, porque es mío, es tuyo y es de todos los que conformamos San Felipe Apóstol. No lo pienses más: también tú puedes dar amor.

DOS MUNDOS DISTINTOS - Por Bettina

Una de estas tardes en que volvíamos bordeando el malecón, una niñita me llamó para ir conversando por el camino. Me dijo:

- ¿Tú por dónde vives?
- En un lugar llamado San Isidro.
- Ah! Eso queda en Lima!

Cierto. Los niños de Villa María del Triunfo consideran Lima como algo muy lejano.

- Y tu casa, ¿cómo es? ¿Es de dos pisos? Ah, ya sé,  es de tres pisos, ¿no?
- Bueno...
- Tú vives en el segundo, ¿no?
- Mmmm... supongo que sí - no tenía importancia explicarle cómo era en realidad mi situación.
- ¿Y ya está techada tu casa?
- ¿Cómo?
- ¿Que si ya le han puesto techo a tu casa, o todavía es de esteras?

No analicé si la pregunta era lógica o no. Si una casa de 2 ó 3 pisos podía tener techo de esteras, o no... Simplemente me desconcertó cómo podía ser la visión de una niñita que toda la vida la había pasado en un pueblo joven.

Ella siguió hablando:
- ¿En qué grado estás?
- Ya terminé la Universidad
- Yo estoy en 5º grado. Tengo doce años, ¿y tú?
- Veinticinco.
- ¡Veinticinco! ¡Mi mamá tiene veintiséis!

Quedé fulminada. La niña tenía 12 años, la mamá 26. No eran necesarios los cálculos matemáticos para saber que los nuestros eran dos mundos muy distintos.

Sólo me queda concluir que quienes trabajamos para el VAP estamos ayudando a cerrar (aunque sea un poquito) la brecha entre esos dos mundos que hay en nuestro país. Como dice una de las canciones VAP:

"Dos mundos distintos, buscando la paz,
se dieron la mano en una canción,
queriendo servir, buscando el amor,
crearon la fuerza en un corazón...

Yo soy tu amigo y te quiero,
amo tu canto y tu sencillez.
Es nuestra amistad,
que abre un camino de unión y de felicidad..."

UNA AMIGA MUY ESPECIAL - Por Bettina

Conocí a Mariela (11 años) cuando me pidió que le curase una herida en el hombro.

- Es mi marca de la vacuna, y mi hermano siempre me golpea allí.
- ¡Qué barbaro tu hermano! ¿Cómo puede ser así?
- Es que cuando era chico se perdió. Y cuando lo encontramos, ya no era el mismo... Ahora es más agresivo: nos golpea a todos mis hermanitos.
- ¿Y cuántos son ustedes?
- Cinco. Y con abandono de padre.

Mariela se hizo mi amiguita desde entonces. Siempre con su sonrisa triste, pero tierna a la vez. El último día me aparté un poco, para que la despedida no fuera tan emotiva. Una jefe de programa la descubrió sentada en la puerta del salón donde yo estaba trabajando, y le dijo:

- Mariela, ¿por qué no estás con las otras chicas, con tus amigas?
- Es que yo soy amiga de Bettina.
- Ah, qué bien... Pero ella no te va a poder atender en este momento.
- No importa. Me basta con verla desde aquí.

Cuando me enteré de esto, miré hacia la puerta y una vez más tuve el privilegio de recibir su sonrisa.

Momentos antes de partir, me acerqué a darle un chocolate. Entonces me dijo:

- Te voy a extrañar - sus ojitos estaban húmedos.
- Mariela, por favor, no llores - dije yo, conteniendo mis propias lágrimas.
- No voy a llorar. Lo haré en el ómnibus cuando nadie me vea.
- Gracias Mariela, gracias - y nos dimos un fuerte abrazo.

Mariela se ha ido. ¡Quién sabe si volveremos a vernos! Sólo me queda una tarjetita suya con el mensaje: "No me olvides, aunque ya no me veas. Te quiero mucho".

Es imposible no encariñarse con los niños que vienen al VAP

LA SEMANA MÁS DIFÍCIL DEL VAP - Por Bettina

Los monitores de la semana antepasada ya están aptos para ser papás!!! Tuvieron a 41 chicos entre 5 y 18 años de edad (más una bebita de 2 años), procedentes de un hogar de Huanta, Ayacucho. La mayoría, huérfanos por terrorismo. Considerando que las actividades están diseñadas para chicos entre 8 y 11 años, parecía que esto iba a ser un fracaso seguro.

La diversidad de edades fue un primer factor que dificultó el trabajo en equipo. Obviamente un chico de 17 años no puede pensar como uno de 5, con el cual debía convivir durante toda la semana.

Otro obstáculo fue la poca imaginación de los chicos... La situación de violencia que ha tenido que vivir, los ha hecho demasiado realistas. Era difícil hacerles imaginar que eran salvavidas, o incas, o que había que cruzar un río invisible... Siempre estaba ese realismo suyo: "A qué hora se acaba este jueguito tonto".

Un tercer factor: su estadía en el Centro Germán Schmitz era el cierre del tour que habían tenido en Lima. Ya antes de venir al VAP, habían estado en otras casas de playa, en donde no había tanta disciplina, tanto programa de actividades, tanta exigencia en los servicios de limpieza y otros.

Si las cosas fueron tan difíciles, ¿cómo se explica que casi todos lloraban al irse? Sonia, una niña calladita, le pidió a su monitora que se la llevase a vivir consigo. Nolberto, de 15 años, lloraba en silencio en un rincón. Calín, de 5, pegó el rostro al vidrio y no dijo nada: su mirada triste lo decía todo. Tania, otra quinceañera, dijo a su monitora: "Nosotros somos huérfanos. Pero las exigencias y el cariño que ustedes nos han brindado, nos han hecho sentir como si hubiéramos estado con nuestros propios papás".

Fue la semana más difícil, sí... Pero el amor reinante en el VAP pudo más.

EL HURACÁN IDA - Por Bettina

Disfrazada de Superniña, bajó solita los ocho tremendos bultos que constituían su equipaje. Ella era Ida, un huracán de 6 años. Sus datos indicaban que era muy inquieta, nada colaboradora y que tomaba un remedio contra convulsiones. Cuando vi que hacía su propio show, distrayendo la atención de todos, me dije: "Ésta sí que va a ser una semana complicada". Por su lenguaje poco desarrollado, dedujimos que su razonamiento también lo sería. Gran error: ¡era mucho más lista que nosotros! En los días siguientes, "Ida" fue la palabra más pronunciada en el VAP.

Ida estaba en el equipo de las "Teglesas" (tigresas). No permitía que se le ordenase su casillero... y si se le llamaba la atención, destendía las camas de las demás. Si había carne o pollo, se lanzaba al plato gritando: "cane!!!"... (no sé cómo podía comer tan rápido, faltándole los dientes incisivos)... y una vez terminada la presa, cogía la de alguna compañera desprevenida. Solía meter los deditos - generalmente sucios - en las heridas ajenas, diciendo "Yaya!!!". Y si no se atendía a sus caprichos... procedía a morder brazos, piernas, (colas también) y a desaparecer en el acto. Averiguaba quién estaba en el baño, mirando por debajo de la puerta. En las veladas, daba piruetas tan violentas, que en varias ocasiones tuvimos que alejarla de la velas (si es que aún no les había echado tierra!). A veces la luz de su dormitorio se prendía y apagaba, como en los árboles de navidad... y simultáneamente se escuchaba el grito de sus compañeras: "IDA!!!". No respetaba ni a la jefatura: un día pasó como una tromba y se llevó la caja de chocolates que teníamos en la mesa: La vació y se comió todos, dejándonos sólo uno. En las reuniones de evaluación, su pobre monitora contaba como 20 nuevas travesuras que había hecho la niña terremoto durante el día... Ya estábamos pensando seriamente en conseguir un psiquiatra para la monitora.

(No siempre fue "tan" terrible la pequeña Ida. Una vez que yo imaginaba cómo ponerle cadenas y asegurarla a su cama, vino de súbito, me dio un besito en la mano y se fue corriendo).

Al despedirse de su monitora, Ida pegó los labios a la ventana del bus... y las dos lágrimas que derramó transformaron su brillante y terrible mirada en un par de ojitos tristes. A pesar de todo, se había hecho querer.

....

Me olvidaba: años atrás, Ida vio a los terroristas matar a sus padres. Y hace unos meses una pareja desistió de adoptarla, al saber que tenía convulsiones... ¿Qué será de la vida de esta pequeñita en adelante?

OCHO SEMANAS - Por Bettina 

Terminó el VAP. Nos llena de alegría el volver a la tranquilidad de siempre... pero también nos entra cierta nostalgia al volver la mirada atrás y recordar cada día del programa con su respectiva temática...

Ocho lunes emprendimos un viaje imaginario lleno de incidentes que serían superados gracias a la unión de los viajeros - hasta entonces desconocidos entre sí. Ocho martes fuimos salvavidas que aprendieron normas de seguridad en la playa, y pautas sobre la higiene personal. Ocho miércoles fuimos científicos, con la importante misión de estudiar el medio ambiente y mejorarlo. ¡Inclusive recogimos basura en la playa, con la que hicimos un muñeco! Ocho jueves, la gente de San Bartolo quedó impactada con nuestras caras pintadas con témpera. Ese día, como incas, pasábamos mil aventuras hasta descubrir lo importante que es la creatividad. Ocho viernes fuimos misioneros deseosos de anunciar a Cristo a una tribu desconocida. En la tarde íbamos a los Bufaderos - hermoso lugar donde revientan las olas - para sentir la fuerza del viento y del mar, y contemplar la hermosa puesta de sol... un paisaje propicio para encontrarnos con el Señor, a través de una oración bastante especial. Ocho sábados culminamos con la misa, donde los terribles "diablitos" de la semana, cantaban como un maravilloso coro de ángeles.

...

En fin, fueron 8 semanas hermosas en que jóvenes y adultos de San Felipe Apóstol y otras parroquias entregaron tiempo, habilidad, energías y mucho cariño. ¿Y qué recibieron a cambio? La sonrisa de los niños... y seguro que la sonrisa del Señor. Mejor recompensa no puede haber.

UNA CASITA EN SAN BARTOLO - Por Bettina

San Bartolo. Paríso de "surfers". Unos arrastran sus "morey" y otros enceran sus blancas tablas hawaianas. Todos en wetsuits de marca, en colores que van desde el negro hasta los más chillones. Chicas lindas, tostadas por el sol de varios días, vagan envueltas en sus "pareos" de moda. Algunos - no todos - juegan a ser grandes con sus partidas de naipes frente al mar, en medio de risas, cigarros y cerveza. Juventud, alegría, diversión, ocio...

Pero este San Bartolo de tablistas ha visto llegar desde hace dos semanas a muchos niños sin wetsuits ni tablas; oscuritos al natural (no por el sol) que acomodan sus coloridas toallas y que realizan una serie de juegos sin molestar a los demás bañistas. El orden sorprende tanto, que varias personas se han acercado a preguntar quiénes somos; y al enterarse, se han ofrecido a colaborar de diversas maneras con nuestro programa "Vamos a la Playa".

Apenas ha empezado el verano, y ya hemos obtenido 96 sonrisas más varios lagrimones que nos dejan los niños al no querer abandonar el Centro "Germán Schmitz"... no tanto por los días de playa que no volverán, sino - sobre todo - por eso que aquí se les brindó en abundancia: eso llamado amor. Simplemente amor.

UN NIÑO COMO MUCHOS - Por Bettina

Los brillantes ojos negros y la blanca sonrisa sobre el rostro entre cobrizo y moreno le daban un aspecto de angelito travieso. Era Wilbert, un pequeño de 10 años que llegó al VAP en la semana que acaba de culminar. Desde el primer momento, se la pasó golpeando a sus compañeros, tirando puertas, rompiendo cosas y haciéndoles la vida imposible a sus guías.

Ya en la primera noche, Wilbert tuvo un ataque de furia, que duró más de una hora. En ese tiempo agredió con patadas, puñetes, cabezazos, insultos y escupitajos a quienes tuvimos que mantenerlo echado en la tierra para que se fuera tranquilizando. Una de las cosas que más rabia le daba era el que nosotros no contestáramos a sus agresiones. Finalmente logramos tenerlo quieto a punto de cosquillas. No saben cuán hermosa era la sonrisa de este pequeño, que minutos antes había llegado a maldecir a Dios - sin ser consciente de sus palabras. Esa misma noche decidimos devolverlo a su hogar, pues era un caso que escapaba de nuestras manos, amenazando la integridad de los demás participantes.

Huérfano, con una madre adoptiva de 70 años, este niño suele dormir en la calle. Con 10 años cumplidos ha vuelto a repetir el 2º grado de primaria. Ha sido expulsado de varios colegios por problemas de conducta (como romperles la cabeza a sus compañeros). Los niños del VAP que lo conocían, lo llamaban "loco". Cuando le dijimos: "Pórtate como un niño bueno", contestó: "No soy un niño, soy una bestia".

Wilbert, "angelito" de ojos brillantes y blanca sonrisa.
Wilbert, ¿delincuente en potencia?
Wilbert, un niño como muchos niños de nuestro país.

NIÑOS CHICOS EN UN MUNDO PARA GRANDES - Por Bettina

Todos los viernes nos sentamos frente al mar para agradecer al Señor por nuestras vidas y por las personas que nos rodean, en especial por nuestros familiares. De regreso, Glen iba a mi lado, medio triste: "No conozco a mi mamá. Ella me tuvo a los 17 años y a los 7 meses me dejó con mi abuelita". Para subirle un poco el ánimo, le contesté: "Yo , en cambio, no conocí ni a mis abuelitos, ni a mis abuelitas". "¿Nooo?" me dijo, olvidándose de su situación y compadeciéndose de la mía.

Entonces llegó Rubén, quien comenzó a hablarnos de otra cosa: "Cuando yo sea grande, quiero ser abogado". "¿Para sacar a los presos de la cárcel?" preguntó Glen, a lo que el otro chico - de apenas 11 años - corrigió: "No. Para defender a las personas que son inocentes".

Silencio... Hasta que habló Glen de nuevo:

- Mi abuelito, de 52 años, está hace tres meses en la cárcel. Ha violado.
- ¿Estás seguro? - pregunté - ¿Sabes lo que me estás diciendo?
- ¡Claro! Esa vez vino la tele y nos filmó a todos. Mi abuelita lloraba. A mí no me sacaron, porque me escondí debajo de la cama... Mi tío, que es policía, lo va a sacar a mi abuelito.
- ¿Cómo? ¿Lo puede sacar, sólo porque es policía?
- ¡Nooo! Va a contratar un abogado por S/. 5000. Y es el abogado el que va a sacar a mi abuelito.
- Pero, ¿es culpable o inocente tu abuelito?
- La chibola, ésa a la que violaron, dice que fue mi abuelito - contestó cabizbajo; y al proseguir, le brillaron los ojos - Pero él no fue... Ahora sólo hay que conseguir los S/. 5000 para sacarlo.

Y Rubén, futuro abogado concluyó:
- Si yo fuera ya grande, no te cobraría.

El mundo debería ser tan sencillo, como lo es para los niños.

¿POR QUÉ PABLO NO CANTA? - Por Esther

Esta semana conocí a Pablo, un pequeño sordomudo. Su monitor me comentó que los otros niños del equipo le habían preguntado: "¿Por qué Pablo no canta?". Entonces, en un momento en que Pablo estaba ausente, los reuní y les dije: "Él es un niño como todos ustedes, pero no puede oír lo que decimos".

- ¿Es como cuando me tapo los oídos? - preguntó uno de ellos.
- Sí - contesté - pero en él es así todo el tiempo. Hay que quererlo mucho y demostrarle que somos sus amigos. Nadie debe reírse de lo que le sucede, porque entonces se sentiría mal y querría irse.

En realidad estaba demás que dijera esto. Todos los niños se habían puesto muy serios; probablemente se imaginaban cómo sería no poder oír el ruido de las olas, las voces de los amigos, los cantos nuevos...

- Ahora recuerdo - interrumpió otro - que ayer él miraba por la ventana; le pedí que me dejara ver también y no me hizo caso; por eso creí que yo no le caía bien. La próxima vez voy a mirarlo para que me entienda.
- Sí - añadió Jonathan - y va a ser nuestro hermano, porque ya lo queremos aunque no pueda oírnos.

Me quedé impresionada al ver la generosidad de sus corazones. Pablo se integró rápidamente al equipo. No hacía falta hablarle con señas, pues él nos entendía leyendo nuestros labios; respondía asintiendo con la cabeza o con sonidos que no llegaban a ser palabras. Era hermoso ver su carita iluminarse al esbozar una sonrisa. Podría decir que su risa, a pesar de todo, resonaba en el ambiente.

Y es que las barreras no existen... cuando hay amor.

CENTRO GERMÁN SCHMITZ - Por Bettina

Niños.
Unos apáticos, otros terribles.
Niños sin imaginación, acostumbrados a copiar.
Niños que creen que las cosas funcionan a golpes,
y que no conocen otro lenguaje que el de gritos e insultos.
Niños con miradas torvas y problemas de conducta
por tremendas historias de violencia familiar.
Niños pequeñitos, que tienen algo de adultos.
Niños con muchos hermanitos, pero que en el fondo se sienten solos.
Niños sin esperanzas, sin ilusiones...

Niños que un día llegaron aquí,
donde recibieron una cama personal y un plato lleno en cada comida.
Niños que tuvieron que convivir con otros chicos de su edad,
debiendo aprender el lenguaje del juego, el respeto y la sana alegría.
Niños que sacaron a la luz talentos que ellos mismos desconocían.
Niños que demostraron su gran espíritu de servicio
a través de las tareas diarias.
Niños cuyas risas desafiaron a las olas y al viento de San Bartolo.
NIños que se sintieron seguros, aun lejos de sus hogares.
Niños que vieron que sí es posible la unión entre "pobres" y "ricos".
Niños que día a día comprendieron
que el Señor nunca abandona a sus hijos.
Niños que se aferran a uno, riendo y llorando,
por no querer irse de aquí.
Niños que volverán a sus historias de antes...
... Pero ahora con una luz de esperanza.

EL TESTIMONIO DE DAVID  - Por Bettina

David era uno de esos chicos terribles que no pierden oportunidad de molestar a los demás. Un día lo llamé para conversar acerca de su conducta. Me pareció que desde ese momento se había vuelto aún más huraño para conmigo. Por eso me sorprendió mucho, cuando al despedirse me dejó en la mano un "pin" que él solía llevar en su polo. Dijo "gracias"... y eso fue todo.

Hoy he recibido carta de David, y quiero compartirla con ustedes:

"Poema para el VAP
Yo quiero vivir en paz,
yo quiero morir en paz,
pero antes, conocer la casita VAP.
Hay buenos amigos, otros diferentes de los demás.
Pero yo viví los mejores días de mi vida aquí.
Este poema no rima, pero sale del corazón.
Es corto, pero con emoción.

En el VAP no pude decir lo que sentí por tener que volver. Lloré hasta llegar a casa. Te extraño. Gracias por enseñarme a hacer bonitas cosas. Me hablaste como hermana, me enseñaste a respetar a los demás, a no portarme mal, a escuchar a los demás. Gracias por todo. Ustedes fueron mi familia esos días. Ahorita estoy llorando por ustedes. Los quiero mucho".

KATY - por Halima

Su nombre era el último en la lista de mi equipo. Tenía ocho años y bajo la columna de observaciones, encontré sólo una palabra: "Tranquila". Cierto. Katy era una niña tranquila. No hacía alboroto y obedecía a todas las indicaciones. Se sentaba a mi derecha durante las comidas, y fue allí donde verdaderamente la conocí.

Una noche, en medio de la cena, me dijo que no quería estar en su casa el sábado por la noche.
- ¿Por qué? - le pregunté.
- Es que ya sé qué va a pasar...
Me estremecí. La tristeza en su voz me hizo pensar en algún maltrato físico.
- Mi papá, siempre llega borracho... y no me gusta.
Quise reconfortarla, mas no supe qué decirle.

En otra oportunidad, me contó que una vez no le pagaron a su papá, y por eso no comieron nada en todo el día. "Tenía hambre, pero tomamos jugo".

Comencé a pensar que tal vez la relación de esta pequeña con su padre era un poco difícil. Sin embargo, se expresaba de él con un gran cariño y me contaba cómo él, cuando iba a la "ciudad", le compraba siempre dos tarritos de yogurt.

Ahora recuerdo su carita llorosa al despedirnos. Ya sentada en el bus, hizo un esfuerzo por sonreír, mientras me hacía adiós con su manito.

Katy, sólo espero que recuerdes lo que conversamos el lunes en nuestro "Encuentro con Jesús". La familia, los amigos, pueden fallar. El Señor nunca te fallará. Él será siempre tu apoyo. Deja que sea tu mejor amigo.

Ayúdenme a rezar por ella.

QUERER CAMBIAR - Por Bettina

Luis y Julio. Sus datos indicaban que eran "excesivamente inquietos" y que no iban al colegio por problemas de conducta. (Leí que también el hermanito mayor era muy inquieto, y esto pude comprobarlo en los días siguientes).

Una tarde, entre Julio y Luis me contaron una historia que parecía sacada de la TV. A cada rato mencionaban a Marcos, su hermano de 21 años, que había matado al padrino de Julio; escapó luego de haber sido capturado y que murió a balazos. "¿Por qué Marcos ya no viene a dormir?" preguntaban a su mamá... Durante el velorio del padrino, llego el compadre de éste, y al ver al difunto se cortó la yugular. La escena la repitió el hermano del compadre. Al final hubo tres muertos en el velorio. Testigos de todo fueron Luis y Julio. Como si nada, me hablaron de sus hermanas de 15 y 18 años, que ya eran mamás, pero que seguían viviendo en esa casa. También estaba la abuela, quien había sido amenazada de muerte por Miguel, otro de los 9 hermanos, que se juntaba con los "fumones" del barrio. Precisamente por Miguel - y no tanto por su conducta - Julio dejó de ir al colegio. Y es que Miguel solía buscarlo para agredirle: "Tu padrino te regala todo, y a mí no me da nada". Inclusive llegó la policía para impedir que Julio fuera brutalmente golpeado...

¡Qué refrescante la ducha de esa noche! Como si con ella hubiera podido lavar todo lo narrado por estos pequeños. ¿Seguirían ellos los pasos de sus hermanos Marcos y Miguel? ¿Entrarían al mundo de las drogas y la delincuencia? No sería nada raro, de continuar viviendo en esa realidad.

Y sin embargo... creo que las cosas todavía pueden cambiar un poquito.

Una tarde, Luis contemplaba aburrido cómo sus compañeros hacían una tira cómica. Le dije: "Seguro que tú crees que para saber dibujar hay que ir al colegio, ¿no? Vas a ver que puedes hacerlo muy bien. Toma el plumón que más te guste... y sigue por donde mi dedo te indique". Los ojitos se le iluminaron y guimos dibujando las letras F-I-N en el último recuadro de la tira cómica. Además añadió estrellitas dibujadas por él mismo, a partir de un modelo que le hice; escribió la palabra "Tiburones" (siguiendo los trazos de mi dedo, claro) y dibujó una aleta de este animal, cuyo nombre llevaba su equipo. Jamás he visto carita más feliz que la de este pequeño al terminar su trabajo. Y no sólo eso: también sus compañeros estaban orgullosos de él.

El último día resultaba paradójico que - mientras era mencionado como uno de los chicos más alegres del VAP - Julio luchaba por contener sus lágrimas, acurrucado y abrazando a su monitor. Sin embargo su rostro cambió cuando me enseñó la cruz que él mismo había hecho en uno de los talleres, y que ahora se llevaría a casa para recordar a su familia que Jesús estaría también allí, con ellos. Minutos antes de partir, Julio y Luis me prometieron que no seguirían el camino de sus hermanos mayores. Nos dimos un fuerte abrazo y me quedé con sus sonrisas para siempre.

Ojalá esa cruz que se han llevado les dé las fuerzas para cumplir con su promesa.

PEQUEÑOS MILAGROS DE CADA DÍA - Por Bettina

Lunes por la tarde. Los niños - que habían llegado una hora antes - disfrutaban ahora del mar. Pero un gordito llamado Jesús no quería bañarse, ni jugar con la arena, ni caminar, ni sentarse a ver a los demás. Antipático, huraño, sin contestar a mis preguntas, se limitó a murmurar aburrido: "Me obligaron a venir... tengo miedo al mar... me quiero ir". Ya estaba yo pensando "este chico va a ser un problemita" cuando de pronto, una joven que estaba cerca sufrió un ataque de convulsiones. Corrí, y recordando algo de las lecciones sobre casos de epilepsia - tomé un trapito para jalarle la lengua, evitando así que se enroscara. También Cynthia, una de nuestras voluntarias VAP, se acercó a ayudar... En eso se me prendió el foquito: ¿Por qué no llamar a Jesús? ¿Sería capaz de reaccionar ese chiquillo apático? Había que intentarlo.

- ¡Jesús! ¡Ven aquí, que te necesito! - (En dos saltos estaba al lado) - Tú vas a ser mi enfermero. ¿De acuerdo?

Asintió. Y lo poco que le pedí, que no fue gran cosa (mojar un trapito y traerme una toalla para envolver a la chica que tiritaba) lo hizo con mucho empeño. Al haber pasado el momento crítico, nos sentimos como un equipo médico que acababa de culminar exitosamente una complicada cirugía.

- Gracias, Jesús. Sin ti no habría podido atender a esta chica.

... Y, entonces, ocurrió el milagro: el chico sonrió.

En los días siguientes Jesús corría empapado de pies a cabeza, pues ya no le tenía miedo al agua (tal vez nunca lo tuvo). Y a cada rato me abrazaba y llenaba de besos mi mano. Ahí lo tenía prendido de mi lado derecho,  celoso de Jimmy - otro de mis "engreídos" - quien venía a abrazarme por el lado izquierdo.

Jesús, Jimmy... niños tan necesitados de cariño, que brindan el suyo a manos llenas. Basta darles una mirada sincera, una palabra de confianza y una sonrisa llena de amor.

EL FOTÓGRAFO OFICIAL DEL VAP - Por Bettina

Los ojos y la sonrisa le abarcaban casi todo el rostro moreno, y la gorra que usaba era más grande que él. Hijo de un joven de 25 años, Jhonatan, supuesto "pirañita" de nueve años, también estuvo en el VAP.

- Cuando sea grande, voy a ser albañil.
- ¿Como tu papá?
- No. Mi papá es vago, no trabaja. Y a mi mamá no la conozco.

Una noche tuvo una tremenda rabieta; pero al día siguiente se salió de la fila para decirme: "Perdóname". Le di un apretón de manos y retornó a sus sitio con esa sonrisa que iluminaba el día... Más tarde se molestó por otro motivo y se escondió. Era tan chiquito que recién lo hallé la segunda vez que miré debajo de las camas. ¡Parecía un animalito acorralado! Después de un par de horas - y gracias a la paciencia de Cynthia (nuestra almacenera VAP) - Jhonatan volvió a sonreír y bajó al salón para hacer su trabajo manual. ¿Qué hizo Cynthia para lograr esto? Lo supimos después: el pequeño que quería ser albañil, se la pasó tomando fotos de todo y de todos... usando la cámara de Cynthia. Con un par de indicaciones, era el más experto fotógrafo del mundo. ¡Y con qué cuidado manejaba la máquina! Se acabó un rollo de 36 fotografiando hasta el piso, pero creo que valió la pena: el Jhonatan terrible no existía más. En la noche me obsequió una tarjeta hecha por él mismo: una cruz marrón sobre fondo amarillo... y la palabra "gracias". En ese momento me olvidé de las pataletas y travesuras de este pequeño, y descubrí lo grande que era su corazón: aun más grande que el de muchos adultos.

Poco antes de la despedida, vi que su zapato - negro - se estaba abriendo. Tomé un hilo blanco (el único que tenía a la mano) y se lo arreglé. "Cuando llegues a tu casa, pide que te lo vuelvan a coser con hilo negro, para que no se vea". "No - contestó - que se quede así. Me llevo un lindo recuerdo"... Y me dejó sin saber qué decir.

...

Todos los días veo la tarjeta de la cruz marrón sobre mi cómoda. Y pienso que en algún rincón de LIma, hay un mocosito con vocación de fotógrafo, un zapato mal cosido... y el alma capaz de cautivar al corazón más duro.

COMENZAMOS EL VAP  - Por Esther

La semana pasada dimos inicio a la temporada vAP 1998 y, aunque pareciera que todo sigue una misma rutina, cada vez despierta en todos gran expectativa ya que no hay semana similar a otra. Siempre son diferentes las experiencias vividas con los niños y entre los mismos voluntarios.

Nuestra primera semana transcurrió plena de armonía. Había mucho trabajo, pero era frecuente escuchar durante la mañana, o por la noche, no sólo el canto de los niños, sino también de nuestro equipo de cocina, conformado en su mayoría por señoras de nuestra parroquia. Ellas nos regalaban, con voces envidiables, canciones que llenaban todos los rincones de la casa.

Aun así no pudimos cerrar los ojos a la realidad de los niños: muchos de ellos estaban muy descuidados en cuanto a salud se refiere. POr algunos fue preciso insistir para que tomaran parte en el programa porque tenían que trabajar y sus padres no querían prescindir de ellos la semana entera. Así pues, conocimos a Sarita que vende caramelos, a César quien vende vinchas en el estadio cuando hay clásico. Y cómo olvidar a Pilar, una niña muy tímida, a quien costó mucho esfuerzo integrar a los juegos. Sus piernas mostraban huellas de constante maltrato físico. Lamentablemente, no era la única.

Es por ellos que cada vez estamos más convencidos de lo necesario e importante que es nuestra labor apoyada por toda la feligresía. Y aun cuando muchos de esos pequeños no sepan decir "gracias", el abrazo fuerte que recibimos de ellos el sábado, lo dice todo.

LO MÁS LINDO DEL MUNDO - Por Bettina

Si no hay zanahorias en la ensalada, es por culpa del Niño. Si las plantas no brotan, es por culpa del Niño. Si Lima parece otra ciudad, es por culpa del Niño. Inclusive meses atrás al ver que el famoso Niño alteraba el clima, bromeábamos diciendo que nuestro programa VAP ("Vamos a la Playa") se convertiría en VAN ("Vamos a la Nieve"). Felizmente no ha nevado en San Bartolo, pero por los drásticos cambios de clima hemos tenido niños resfriados, a veces con fiebre (aunque algunos la tenían por infecciones que traían de casa).

El jueves pasado, Richard, un pequeño de 9 años, volaba con 40º. Le dimos sus medicinas y lo acostamos. Cuando sus compañeros (dispuestos a preparar el "sketch" para la velada de esa noche) lo vieron en cma, bajaron la bulla que hacían al entrar. ¡Cuánto cariño y respeto hacia el amigo enfermo!

Mientras tanto, María Luisa y yo aliviábamos a Richard con paños empapados en "Vinagre Bully". (Por sus conocimientos, ella atiende la enfermería. Además, con su familia vela por el mantenimiento del Centro Germán Schmitz). Junto al adormilado niño, María Luisa me comentaba algo acerca del techo de la cocina. En eso, Richard nos interrumpió y nos empezó a dar sugerencias, en base a su experiencia (puesto que él ya había ayudado a su papá a techar casas). Un pequeño de 9 años, afiebrado, no perdía un minuto en querer compartir lo que sabía.

Iba a empezar la velada. Los otros chicos salieron y María Luisa fue por más paños. Quedé un rato con Richard, tratando de hacerlo dormir. Y para esto, le dije: "Richard: cierra los ojos, respira tranquilo, y piensa en algo bonito... en algo que te parezca muy lindo... en lo más lindo que tú creas que hay en el mundo".

Con los ojos cerrados, murmuró casi dormido: "Lo más lindo del mundo... es quedarme aquí para siempre".

No más palabras por hoy.

UN CASO MUY DIFÍCIL  - Por Bettina

Cuando se baila en el VAP, los niños siempre buscan ser sacados para estar en medio del círculo. Pero en la semana que acaba de culminar hubo un pequeño que se escondía: Marcos. Pensé que sería por timidez, pero lamentablemente no.

El viernes, en la playa, escarbaba un hoyo diciendo: "¿Dónde estás culebrita? ¿Dónde estás? Quiero encontrarte para matarte... Ah! Te encontré!". El pequeño sujetaba entre sus dedos un gusano y luego de acariciarlo lo sujetó por los extremos, dispuesto a estirarlo. Lo detuve: "Marcos, no lo mates". "¿Por qué no?" preguntó él. "Porque es parte de la naturaleza. Y además, nada malo te ha hecho. Déjalo vivir". Con desgano soltó el gusanito. Pero se aseguró de que yo oyera sus siguientes palabras: "Voy a buscar un muymuy para matarlo". Todas sus frases eran así de negativas. Boca arriba en la orilla, gritaba: "¡Me voy a morir!"

Al felicitarle por un hoyo que estaba cavando, me dijo: "Está feo", y comenzó otro. Armándome de paciencia le dije: 
- Marcos: Tú siempre crees que todo lo que haces es feo.
- Sí. Todo es feo.
- No es verdad. Ayer hiciste un collar muy lindo.
- Mmm... Pero no es para mí. Lo hice para mi mamá. - Y sonrió un poquito.

"Ajá", me dije. Tal vez pueda ganarme su confianza hablando sobre su mamá. Pero como adivinándome el pensamiento, Marcos manifestó:
- Mejor no hay que hablar de ese tema. 
- ¿Por qué no? ¿Vives con tu mamá?
- No sé. 
- ¿Tienes hermanitos?
- No sé. 

A cada pregunta que le hice me contestó con un "no sé". Entonces había que cambiar la estrategia. Como siguiera cavando sus hoyos, lo reté a una competencia. 

- Te apuesto a que cavo mejor que tú - le dije.
- Ja. Te gano.
- Hagamos la prueba.

Y comenzamos. Cuando vio que efectivamente yo le llevaba la ventaja, procedió a pisar alrededor de mi hoyo para llenarlo de arena.

- Ja, ja, perdiste.

Y se fue a jugar solo.

¿Qué cosas vivirá este pequeño en su casa? ¿Y cuál será su futuro?

 

San Felipe Apóstol... Ven y Verás !!!