Los MSC

Quiénes son los MSC

La congregación de los MSC, Misioneros del Sagrado Corazón (del latín Misionarii Sacratissimi Cordis), fue fundada por el P. Julio Chevalier en Issoudun (Francia) en 1854. Cuenta con más de 2.300 miembros (sacerdotes y religiosos) y trabajan en más de 40 países, entre ellos: Argentina, Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Brasil, Burkina Faso, Camerún, Canadá, Colombia, Congo, Corea del Sur, Cuba, Ecuador, El Salvador,  España, Eslovaquia, Estados Unidos,  Fiji, Filipinas, Francia, Guatemala, Holanda, Honduras, India, Indonesia, Irlanda, Italia, Inglaterra, Islas Marshall, Islas Navidad, Japón, Kiribati,  México, Namibia, Nauru, Nicaragua, Papúa Nueva Guinea, Polonia, República Dominicana, Ruanda, Rusia, Samoa occidental, Senegal, Sudáfrica, Suiza, Venezuela, Zaire y Perú, entre otros.

Pero la familia MSC es más extensa. Abarca también:

  1. Las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Congregación fundada por el P. Julio Chevalier en Issoudun (Francia) el 30 de agosto de 1874 . Su intención es ser discípulas auténticas y testimonio fidedigno del amor de Cristo, reflejado y simbolizado en su Corazón.
  2. Las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón , Congregación de Misioneras, fundada por el P. Humberto Linkens por  encargo del P. Julio Chevalier. Tienen el mismo carisma y espiritualidad que el P. Chevalier había escogido para los Misioneros.
  3. Las Asociaciones de Laicos MSC
    “Los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús deben ser auténticos religiosos a fin de vivir más estrechamente unidos con Aquél cuyo Reino quieren extender. Al mismo tiempo, deben procurar contacto estrecho con el clero diocesano con el fin de propagar por doquier la divina influencia del Corazón de Jesús… Finalmente, una tercera orden llegará a donde los sacerdotes no pueden llegar. De esta suerte, si es posible, nada escapará a la resurrección de la vida que viene por la influencia del Sagrado Corazón de Jesús.

MSC en el Perú

En nuestro país los MSC están en: Acarí, Caravelí, Chala, Lima, Puquio y Trujillo. En Lima hay dos parroquias MSC: la Parroquia-Santuario Nuestra Señora del Sagrado Corazón (Lince) y la nuestra, San Felipe Apóstol (San Isidro). Además, contamos con el Seminario MSC que está ubicado en San Miguel.

Históricamente los MSC han realizado obras que hoy son administradas por otras congregaciones. Así, por ejemplo, tenemos el templo de la Parroquia San José en Miraflores (para la comunidad católica de habla alemana), la iglesia en honor de Nuestra Señora del Sagrado Corazón en Huaraz (Barrio Centenario), la fundación de la Parroquia de San Lucas en Pueblo Libre y la construcción de su respectivo templo, la erección del Seminario Misional de Chacrasana, etc.

Además uno de sus miembros, Germán Schmitz MSC + , llegó a ser Obispo Auxiliar de Lima: su enorme labor pastoral es aún recordada en muchas parroquias del Cono Sur.

Actualmente contamos con otros dos MSC que son obispos: Mons. Bernardo Kühnel (Prelatura de Caravelí) y Mons. Norberto Strotmann (Diócesis de Chosica) y Mons. Juan Carlos Vera (Prelatura de Caravelí). Ambos, al igual que Mons. Germán Schmitz y todos los MSC, están poniendo todos sus esfuerzos en lograr la prosperidad y la evangelización de los pueblos que están a su cargo

Julio Chevalier y el mal moderno

Por José Roberto Bertasi

La preocupación del P. Chevalier era el mal moderno. Como Jesús, estaba preocupado por el género humano. Ha escrito: ” Jesús era feliz en derramar la ternura de su Corazón sobre los pequeños y sobre los pobres, sobre los que sufren y los pecadores, sobre todas las miserias de la Humanidad. A la vista de cualquier desgracia su Corazón se movía a compasión. ” (cf CE n. 6)

¿Cuál era el mal en la sociedad de su tiempo? Era: (el protestantismo,) el jansenismo y el racionalismo. Pero ante todo intentó combatir la raíz de este mal: la indiferencia y el egoísmo con relación a Dios y a los derechos del hombre. El joven Chevalier pensaba en la gente que sufre, especialmente en los pobres (material y espiritualmente), pues “ellos son los amigos preferidos del Corazón de Jesús.”

148 años después, la preocupación del P. Chevalier es siempre actual y urgente. Estamos en el tercer milenio de la era cristiana. ¿Qué seremos capaces de celebrar? ¿Celebraremos los poderes de la muerte, tales como la pobreza, el hambre, el odio y la violencia que existen en el mundo? El mundo va por el camino del suicidio.

Hoy las tinieblas son más espesas que nunca. Los poderes del mal nunca han estado tan visibles. Nuestra vocación es dar esperanza a las gentes. Era la misión del P. Chevalier, es ahora nuestra misión. Hoy las gentes esperan recibir de nosotros luz y no tinieblas.

Estamos invitados a entrar en el torbellino de nuestro tiempo para proclamar una palabra de esperanza. Nosotros que trabajamos en diferentes misiones en la Iglesia, tenemos a veces algunas dificultades en cumplir nuestra misión, que es la de hacer brillar la luz de Cristo en estas tinieblas. Hay entre nosotros, quienes prefieren permanecer en esta indiferencia. Son gentes cansadas y decepcionadas. Son pocos los que profesan un ideal en nuestra Iglesia, y los retos aumentan de día en día. ¿Cómo permanecer llenos de esperanza y de solicitud para la Palabra de Dios? ¿Dónde podemos encontrar alimento y fuerza? ¿Qué podemos hacer? Si no encontramos ni alimento ni bebida en nuestro camino en el mundo de hoy, caeremos en el egocentrismo.

El Apóstol Pablo escribe: “Que no os conforméis a este siglo, sino que os transforméis por la renovación de la mente, para que procuréis conocer cuál es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta.” (Rm 12.2)

Combatiremos el mal moderno primero renovando nuestro juicio. El P. Chevalier supo abrir su corazón a la humanidad sufriente. Por esto su testimonio es todavía válido para hoy. Era profeta, un hombre de una fidelidad creativa. Tenemos aquí dos dimensiones importantes: su amor por sus semejantes y su preocupación por el mal moderno: su compasión por las ovejas sin pastor. Cristo, el buen pastor, fascinaba al P. Chevalier: Cristo, con un corazón humano, tenía compasión por la humanidad.

Hoy, no es fácil para nosotros, hijos de la luz, combatir las tinieblas. Lo importante es combatir nuestros miedos. Nosotros, en cuanto hombres de Dios, no nos modelemos sobre el mundo presente, en el que la indiferencia y el egoísmo son siempre la raíz del mal. La indiferencia es el peor de los males. Creemos en el amor que Dios tiene por nosotros. Es el fundamento de nuestra misión de compasión. Si obramos con coraje, Dios hará el resto.

El Carisma del P. Julio Chevalier hoy

Por el P. J. van Kerckhoven MSC

Hoy en día la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón – como tantas otras congregaciones religiosas – está cuestionándose. Nos preguntamos ¿cómo vivir el carisma de nuestro fundador a fines del siglo 20, cómo presentarlo a los hombres de nuestro tiempo, especialmente a los jóvenes? Porque estamos firmemente convencidos que el carisma y el mensaje del Padre Chevalier siguen siendo válidos, pero que deben ser presentados a los hombres de hoy en armonía con la sensibilidad y las aspiraciones de hoy, deben ser adaptados a los cambios en la vida de la Iglesia y del mundo.

¿Tiene aún valor el objetivo del Padre Chevalier? Se puede todavía proponer al Corazón de Cristo como fuente de inspiración para una vida de espiritualidad y como remedio para los males que afligen a los hombres? En 1956 en su encíclica “Haurietis aquas” el Papa Pío XII consideraba el culto del Sagrado Corazón como “remedio” para la enfermedad del hombre y de la sociedad del siglo 20. ¿Esto vale todavía para hoy? Si es así, ¿En qué forma? ¿Cómo debe transmitirse el mensaje para que pueda ser aceptado?

Durante las últimas décadas hemos notado una falta de interés de muchos cristianos en lo que se refiere al culto del Sagrado Corazón. Es un hecho. No es necesario probarlo. Es evidente. Sin embargo, ¿puede ser que una devoción que por siglos hizo tanto bien a la Iglesia y en la cual se debe ver la acción del Espíritu Santo, desaparezca de repente? Durante un encuentro en Paray-le-Monial, el 16 de Octubre de 1972, un gran número de Superiores Generales de las Congregaciones que están dedicadas al Sagrado Corazón, han manifestado: Una realidad espiritual que ha sido una fuente de inspiración para laicos y religiosos, no puede de un momento a otro dejar de tener valor.

Al buscar una solución a este problema, tendremos que tomar en cuenta las objeciones que se presentan hoy en día contra la devoción al Sagrado Corazón, y evaluar las razones de su disminución. En este contexto es importante distinguir entre culto y espiritualidad del Sagrado Corazón; acentuar los fundamentos bíblicos y patrísticos; considerar la sensibilidad del hombre moderno en lo que se refiere al simbolismo del corazón y sus manifestaciones devocionales y artísticas; finalmente subrayar lo que la devoción pueda dar como respuesta a las aspiraciones del hombre de hoy y de la sociedad actual.

Culto y Espiritualidad del Sagrado Corazón


Cuando hablamos de la devoción y del culto al Sagrado Corazón, muchos de nuestros contemporáneos piensan solamente en prácticas religiosas y actividades piadosas. En un tiempo cuando la fe está en crisis, muchos se preguntan: ¿Dios existe? ¿De veras Cristo vino para salvar al hombre? ¿Puede haber vida después de la muerte? Sucede entonces que hasta los buenos católicos que desean ayudar a sus hermanos que están en peligro de perder la fe, no están muy interesados en lo que les parece accesorio y secundario. Cuando el fuego amenaza con la destrucción de la casa, se trata de salvar lo más importante. Especialmente los jóvenes no se sienten atraídos por “devociones” sino van directo “al grano”. Además es evidente que uno puede ser un buen cristiano sin tener una devoción particular al Sagrado Corazón de Jesús.

Sin embargo la Espiritualidad del Sagrado Corazón nos lleva al centro del misterio de la salvación. Es una manera de ver y vivir el misterio de Cristo en su totalidad; bajo un aspecto particular, es cierto, pero un aspecto que es fundamental para la fe cristiana, es el amor de Dios manifestado en Jesucristo cuyo corazón traspasado es un símbolo elocuente. Vemos la persona de Cristo en el cual Dios nos ama con un corazón humano. Es una visión y una experiencia de Cristo que abarcará la vida entera del cristiano.

Es ante todo una visión: “Hemos Conocido el amor que Dios nos tiene” (1 Jn 4,15). Sin el amor del Corazón de Cristo su personalidad profunda nos quedará incomprensible. Pero por el amor todo se nos hace intelegible y luminoso: sus palabras y acciones, su vida y su muerte, la Iglesia que fundó, el Espíritu que nos ha dado, los Sacramentos que nos ha dejado. De esta manera el Padre Chevalier cuando habla de la devoción al Sagrado Corazón, la entiende como espiritualidad y por eso podía escribir “Incluye Todo”.

Además se trata de una experiencia personal: “Hemos creído” (en su amor). La respuesta del hombre es una respuesta de fe y de amor. Esta adherencia a Cristo, este amor es una fuerza que a su vez moviliza la vida del hombre, su ser y su acción. Así podemos entender que esta manera de contemplar y vivir el misterio de Cristo se transforma en una espiritualidad.

Esta distinción entre devoción (culto) y espiritualidad del Corazón de Cristo no significa que las prácticas de la devoción y veneración deberían ser suprimidas, especialmente las que se refieren a la Eucaristía, el sacramento del amor. Una espiritualidad siempre buscará expresar-se. Los que quieren seguir con las prácticas tradicionales pueden sacar provecho de ellas. Los que consideran anticuadas estas prácticas, casi necesariamente encontrarán otras más adaptadas a su mentalidad en el ámbito de la renovación litúrgica de la Iglesia.

Nuestra espiritualidad consiste principalmente en amor, imitación y reparación.

Amor: El Corazón de Cristo espera del hombre una respuesta de amor: un amor sincero y profundo que es un encuentro personal e íntimo, una experiencia de Cristo en una fe viva. Esto es fundamental para una espiritualidad del Sagrado Corazón y responde a las aspiraciones del hombre moderno. Existe hoy en día un esfuerzo por una auténtica vida interior, un volver a la oración. Se instrumentaliza toda clase de métodos, hasta los orientales, en el es-fuerzo de encontrar un camino que conduzca a esta casi mística relación con Dios. Muchos “movimientos de jóvenes” consideran esta experiencia de Jesús como esencial. ¿Acaso el amor no busca la presencia de la persona amada?

Imitación: Esta respuesta de amor debe ser auténtica (otra exigencia de los jóvenes); debe comprobarse en acciones, debe dirigirse al hermano como Cristo lo ha enseñado. Y esto necesariamente conduce a la imitación de Cristo, y de su corazón. A veces se reprocha a la devoción del Sagrado Corazón que seria demasiado y exclusivamente interior y personal cuando se desea formar apóstoles. Evidentemente esto es una idea errónea del Corazón de Cristo, “el Hombre para los demás”, cuya preferencia eran los pobres, los marginados, los abandonados. En nuestros días esta imitación de Cristo exige colaboración con los demás para construir un mundo nuevo y mejor, en justicia y paz.

Reparación: El amor de Cristo nos impulsará a la reparación de la ingratitud e indiferencia de los hombres. El deseo humilde de expiar y compensar nuestras faltas por el amor, por un fervor renovado de caridad, es sencillamente una reacción espontánea de un amor sincero. Pero es cierto que nuestro tiempo tiene menos inclinación para la reparación. Resulta inútil entonces buscar toda clase de explicaciones teológicas, aunque queda verdad que los misterios de Cristo superan la sucesión del tiempo. Basta entender con un “pensamiento de corazón” que Cristo sigue en agonía hasta el final de los tiempos y que no podemos dormir durante este tiempo. Así nos preguntamos: ¿Qué hemos hecho con Cristo hoy día? ¿Cómo lo hemos comprendido? ¿Hemos tal vez deshonrado su nombre y deformado su mensaje? – Son tantas las razones para ofrecer reparación. Y hasta los cristianos de hoy harán reparación si su amor a Cristo es suficientemente fuerte.

Fundamento bíblico: Nuestro tiempo exige que la teología del Sagrado Corazón tenga un sólido fundamento bíblico. Se reprocha a veces al Culto del Sagrado Corazón igual como a la devoción a la Virgen María que ha crecido durante siglos sin tomar en cuenta la escritura basándose sólo en escritores de espiritualidad. Somos muy sensibles a este reproche. Sin duda es exagerado. El Padre Chevalier,  por ejemplo en su libro sobre el Sagrado Corazón ha hecho un esfuerzo para relacionar la devoción al Sagrado Corazón con sus fuentes bíblicas y de colocaría en el centro de la revelación. Tomando en cuenta que no tenía formación especial en teología y escritura tenemos que decir que fue un ensayo de mucho valor. Recordamos también que las ciencias bíblicas han hecho enormes progresos desde entonces. De esta manera podemos dar hoy en día un fundamento mucho más sólido a la teología y espiritualidad del Sagrado Corazón aprovechando las riquezas de la investigación bíblica desconocida hasta ahora. Esto vale ante todo para la doctrina de S. Pablo respecto a la doctrina de la redención por amor, y mucho más aún respecto a la teología de S. Juan quien hace del amor de Dios el centro y punto culminante del misterio de Cristo.

Juan es un teólogo. Ha meditado por mucho tiempo la vida y el mensaje de Cristo. Hay en su teología como en todo sistema teológico, principios fundamentales, resultado de su larga meditación, de los cuales depende todo el resto y que contienen, como en una semilla, toda la doctrina. San Juan presenta uno de estos principios en su primera carta (1 Jn 4,16) “Dios es amor’. Al final de su evangelio (Jn 19,31-37) repite este principio en forma concreta y visible, en “una imagen teológica”, como dicen: la imagen de Cristo en la cruz. Juan atribuye mucha importancia al corazón traspasado y al agua y la sangre que mana del costado abierto. Entendemos que esta escena es el punto culminante de su evangelio, una escena que comprende toda la historia de salvación las profecías del A T la encarnación, vida y muerte de Cristo la Iglesia los sacramentos y el don del Espíritu

Y este misterio es presentado como un misterio de amor Es la conclusión final de lo que dijo Juan en su evangelio como por ejemplo (Jn 3, l4-l5; 7,39; 12,32): Cuando seré elevado atraeré a todos hacia mi. (19 37): Miraran al que han traspasado. (15 13): Nadie puede tener un amor más grande que aquel que da su vida por sus amigos.

Así podemos preguntarnos si hoy en día la imagen de Cristo en la cruz con el costado abierto no serviría mejor para la devoción y la espiritualidad del Sagrado Corazón especialmente cuando la imagen bíblica nos lleva al centro del misterio de la salvación como misterio de amor. Eliminaría las imágenes “azucaradas” de estilo “hippy” que puedan haber satisfecho las exigencias del siglo pasado aunque dieron una imagen distorsionada de la personalidad de Cristo. Hoy en día son la razón por-que muchos cristianos han perdido el interés en la devoción del Sagrado Corazón. Además hablando de esta espiritualidad no deberíamos utilizar demasiado la palabra “Corazón” aunque quedará como símbolo universal de amor. En el pasado se ha abusado de esta palabra hasta para fines políticos y patrióticos.

Una espiritualidad del Sagrado Corazón puede satisfacer las profundas aspiraciones de hoy. Actualmente nuestro tiempo es un tiempo de la persona humana. La problemática se centra en los derechos del hombre, el respeto a la persona, en las ciencias acerca del hombre etc., mientras exista un deseo universal por tener más fraternidad y unidad entre los hombres. La Iglesia ha dado eco a esta aspiración universal. “Las condiciones de nuestra época hacen más urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que todos los hombres, que hoy están más íntimamente unidos por múltiples vínculos sociales, técnicos y culturales, consigan también la unidad completa en Cristo.” (Lumen Gentium Nº- 1) Porque “sólo por la verdad del misterio de la Encarnación recibe su luz el misterio del hombre” … “Cristo, el segundo Adán, por la revelación del misterio del Padre y su amor, revela plenamente al hombre y explica su destino supremo”. (Gaudium et Spes.N2 22). Como el hombre perfecto “el Señor es la meta de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones.” (G.S. N2 45)

En esta línea tenemos que ver el carisma del Padre Julio Chevalier. No ha perdido nada de su actualidad.

Es a través de este carisma que la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús encuentra su identidad. Hoy como ayer desea ser una fraternidad apostólica cuya meta es vivir y propagar la espiritualidad del Sagrado Corazón.

Devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Tomado del sitio oficial MSC

Para nosotros, vivir en la unión con el Corazón de Cristo no es sólo una devoción; constituye el núcleo de nuestra espiritualidad. El siglo 19 fue rico en devociones: Devoción al Corazón Inmaculado de María, a la Eucaristía, al Sagrado Corazón de Jesús… Cuando pensamos en una devoción, no podemos contentarnos con una serie de prácticas, como arrodillarnos ante la imagen de un santo, encender un cirio, rezar una oración… La espiritualidad es una realidad más profunda. Surge del interior, como fruto de una visión central, que determina el estilo de vida y se adapta a las situaciones.

Aunque el P. Julio Chevalier hable de “devoción”, está claro, tanto en su vida, como en sus escritos, que el Corazón de Jesús era el centro de su espiritualidad. Para él “la devoción al Sagrado Corazón de Jesús” era la visión que inspiraba toda su espiritualidad, su manera de vivir y su misión. Desde los años de estudio en el seminario vivía preocupado por los males de su tiempo y estaba convencido de que el Corazón de Jesús constituía el remedio de tales males. Los males de su tiempo: racionalismo, indiferencia religiosa y anticlericalismo, estaban muy difundidos en Francia.

Lo que cautivó al P. Chevalier en el Corazón de Jesús fue su amor, un amor compasivo hacia los que sufren. Contemplaba al Corazón de Jesús como la encarnación y la revelación del amor compasivo del Padre. Este fue su carisma, el don del Espíritu, la visión fundamental que le impulsó a testimoniar el amor y la bondad de Dios, nuestro Salvador, y a curar muchos corazones heridos.

La doctrina bíblica sobre el corazón humano es muy rica. Se le menciona más de mil cien veces. En la Escritura, la palabra corazón se refiere al interior de una persona. Se menciona el corazón de Dios, pero con mayor frecuencia, se trata del corazón del hombre. En Jeremías 31, 31-34; 32, 37-41 y en Ezequiel 11, 17-20; 36, 24-27, Dios promete una alianza nueva, que vendrá caracterizada por un corazón nuevo y un espíritu nuevo.

Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo;
os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.
Os comunicaré mi espíritu…
(Ez 36, 26-27)

En el capítulo octavo de las Carta a los Hebreos se describe a Cristo como el mediador de la nueva alianza aplicándole el texto de Jer 31, 31-34. Es él quien graba la ley de Dios en nuestros corazones. ¿Cómo lo hace? El corazón de Cristo es la fuente de agua viva, lo que significa el Espíritu (Jn 7, 37-39). En el calvario su corazón fue traspasado y de él brotó sangre y agua. El manantial de agua viva estaba abierto, y, como se hizo patente el día de Pentecostés, el Espíritu, descendió sobre nosotros para renovar la faz de la tierra. El Misterio Pascual, es Misterio de Pentecostés. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rom 5,5).

Ya que el Corazón de Cristo es el manantial de salvación para el mundo, unidos a nuestro Fundador, consideramos nuestra misión darlo a conocer a todos: “Amado sea en todas partes el Sagrado Corazón de Jesús, por siempre”. También nosotros creemos que hoy puede la gente encontrar aquí la curación de sus males. Lo que, en realidad, significa “un corazón nuevo” puede verse en la vida de Cristo.

Significado de la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

Tomado del sitio oficial MSC
Cuando en 1854 quiso fundar el P. Julio Chevalier una Congregación religiosa, cuyos miembros habrían de esforzarse en curar los males de su tiempo encauzando a los hombres hacia el Sagrado Corazón de Jesús, fuente de salvación y de vida, pidió su ayuda a la Virgen. Tras experimentar repetidamente su poderosa intercesión, agradecido, se creyó en el deber de que en su Congregación se honrase a María de forma especial.

Le dio el título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. La devoción a María bajo este título se propagó rápidamente por los cinco continentes. Fundó el P. Chevalier la archicofradía de NSSC que ya en 1891 contaba con 18 millones de fieles inscritos. La Congregación de Religiosas fundada por el P. Chevalier se llamó “Hijas de Ntra. Señora del Sagrado Corazón”. La fiesta de NSSC, celebrada durante muchos años, el 31 de mayo, se celebra ahora el último sábado del mes de Mayo.

El objeto de esta devoción es, según el P. Chevalier: “Honrar a María en sus relaciones de amor inefable que existen entre ella y el Corazón de su Hijo Jesús”. Es un misterio muy rico bajo muchos aspectos, puesto que María, Madre de Cristo, participa con El en la obra de la Redención. En el Calvario, Jesús la dio por Madre al discípulo amado, en el que estábamos representados todos.

Vio María cómo fue traspasado el corazón de su Hijo, del que salió sangre y agua. En Jn 7, 37 Jesús habla de su corazón como de la fuente de agua viva, es decir, del Espíritu. La fuente se abrió en el calvario, y cuando la Virgen oraba con los apóstoles reunidos en el cenáculo, descendió sobre ellos el Espíritu Santo y comenzaron a predicar: Había nacido la Iglesia. Como Madre de la Iglesia, María, continúa dispensándonos a todos la vida sobrenatural.

Oración a Nuestra Señora del Sagrado Corazón (“Acuérdate”)
Acuérdate, Nuestra Señora del Sagrado Corazón,
de las maravillas que el Señor hizo en ti:
Te eligió por madre y te quiso junto a su cruz.
Hoy te hace compartir su gloria y escucha tus súplicas.
Ofrécele nuestras alabanzas y nuestra acción de gracias.
Preséntale nuestras peticiones.
Haznos vivir, como tu, en el amor de tu Hijo,
para que venga a nosotros su reino.
Conduce a todos los hombres
a la fuente de agua viva que brota de su Corazón,
derramando sobre el mundo
la esperanza y la salvación, la justicia y la paz.
Mira nuestra confianza, atiende nuestra súplica
y muéstrate siempre Madre nuestra. Amén.

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